lunes, junio 22

Ahora que sé que me lees.


Conseguí arrancarme las ganas de tus labios en mi piel. Conseguí desprenderme del recuerdo de tu mirada que se clavaba como un puñal, en lo que sería mi pequeña batería. Conseguí alejarme todo lo que pude de tí. Y así fue como hice borrón y cuenta nueva. Que ya no busco nada. Lo que tenga que ser será.

Hay gente que se enamora de personas que no están hechas para ellos. En ese caso lo único que queda es guardar ese sentimiento bajo llave y no dejar que salga, y quizás así se disuelva. Ahora que sé queme lees, quería explicarte lo que nunca te expliqué. Que cuando me separan sólo dos milímetros de tus labios, no me salen las palabras. No me pidas que te lo diga, pídeme que te lo escriba.

Y así son las cosas, que si hay alguna palabra que me describa a la perfección, es miedo. Miedo a que todo lo que he conseguido se vaya. Porque es más fácil hacer que algo se vaya que conseguir que se quede. Conmigo no se queda (casi) nada. Quizás hubiese sido mejor decirte las cosas apoyados en la varandilla del balcón. O quizás mejor hubiese sido decírtelas con la cabeza apoyada en tu barriga, acostados en tu cama. O mientra te ayudaba con los estudios. O quizás en estado ebrio. Quizás el viernes quise emborracharme para encontrarme contigo y decirte, sin pelos en la lengua yo y sin pelos en las orejas tú, todas las cosas que quiero y las otras que no quiero, contigo o sin tí.

Y estando de pie frente a tí, me siento desnuda de palabras. Mantener la vista fija en tus ojos nunca había sido tan peligroso, por mi cabeza pasaba en forma de imagen todos los finales posibles. Todos los finales posibles entre tus brazos, entre mis piernas, enrollados en mi lengua, escondidos en mi pelo, dando vueltas por mi cabeza, una y otra vez. Y una y otra vez es que quiero que me hables, y que cuentes conmigo. Que si me dejas y nos da tiempo, te dejo que me toques el alma y que te sientes con ella a hablar, a hablar de lo que nunca quiere hablar, porque de lo débil que es tiene miedo de la inestabilidad, de la cuerda floja, de caer y no saber sentir nada más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario