martes, junio 9

Con el blanco hay que tener cuidado.

Ando con pies de plomo. Ando tan despacio que casi podríamos decir que desando. Yo quiero recordar tiempos pasados. Tiempos en los que mientras callabas, las palpitaciones hablaban, tiempos en los que mis gemidos te arañaban, creando besos que se ahogaban en mi cuello. Tiempos en los que no hacían falta palabras, nos bastaba con suspirar.

Antes de eso, no había nada, antes de eso estaba yo sola con mis palabras, que no salían porque no tenían necesidad. Antes de eso yo andaba rápido, tan rápido que no me dí cuenta de lo especial que eras. Cuando lo descubrí, ya era demasiado tarde. Ya no había marcha atrás. Todo se volvió blanco, tan blanco que me cegaba y no podía ver. Sólo sentir.

Paciencia. Tuve paciencia.Quise tenerla, porque quería estar contigo. Quería empaparme de tí una y otra vez, sin parar. Susrrarte besos. Cantarte caricias. No ví que todo lo que yo te daba, tú lo traducías como cariño, mucho cariño, pero cariño, al fin y al cabo. Andaba con los ojos cerrados. No quería saber lo que me decías con tus besos. Me decías que nunca serías mío plenamente, pero no quise saberlo, así que lo ignoré.

Me rompiste en mil pedazos. Me masticaste, me volviste a pegar y cuando me volví a creer irrompible, me volviste a romper. Me olvidaste rápidamente, casi tan rápido como lo que duró tu amor hacia mí. Ya no cabían más: "te lo advertí". Ya no había sitio para más. Todo se volvió blanco, tan blanco que me cegaba y no podía ver.
Sólo sentir.

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