domingo, junio 21

Dije lo que quería decir, pero no lo que tenía que decir.

Enciendo un cigarrillo, lo apoyo en mis labios, aspiro todo el humo posible y me acuerdo de tí y de tus cigarros de después. No me queda otra cosa más que relajarme. Me siento en un banco y dejo que la brisa me acaricie la cara. La misma brisa que quizás esté acariciando tu cara también. Otra calada. Cada calada de este cigarro me hace recordar tantas cosas... No puedo. No puedo seguir pensando que eres mi mitad. Apagaré este cigarro y no volveré a pensar en tí. Lo apagaré después de darle otra calada más.

Qué va, no lo puedo, ni debo, desperciar. Me lo acabaré, me fumaré hasta el filtro. Me lo fumaré hasta que no quede nada. Nada más.

Se acabó. Lo apago contra el suelo y lo lanzo, a ver qué lejos puede llegar. Casi nada. Probablemente al cabo de unos días, la colilla vuelva a este banco. Vuelva a donde fue encendido.

Me levanto del banco y ya me siento mejor, relajada. Llego a mi casa y me tumbo en la cama. Aún tengo el sabor del humo en mi boca y el olor en mis dedos. Y pienso en tí.

Pienso en las terribles ganas que me dieron de quedarme cuando me lo pediste, y de lo arrepentida que estuve de camino a casa por haberme marchado. Por fin te supe decir que no. Por fin te pude decir que si era contigo no me quedaba.

Ahora me toca dormir, dormir y ver si mañana me llamas. O si mañana te quiero menos. O quizás si mañana me he olvidado de tí. Ahora me toca dormir.

Cerraré la ventana, para que no entren cucarachas.




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