sábado, junio 27

Un día más, obviémoslo.

Recíproco. Todo es absoluta y completamente (valga la redundancia) recíproco. Y si es así, ¿qué haces que no me estás comiendo a besos y a palabras? Parecemos diferentes, pero no lo somos. Yo hago estupideces y tú las dices. No nos complementamos, pero aún así, todo es recíproco. Y qué quieres que te diga, que yo no espero un verano entero, que yo no puedo esperar ni dos segundos, sabiendo que esto es algo mutuo. Tómame o déjame. Ya o nunca.

Condiciones que condicionan. Obviémoslo. Yo bajo presión prefiero no actuar, que se me salen, sin querer, las carcajadas. Todo me da vueltas en la cabeza, volvemos al mismo punto de siempre, al tira y afloja, al quiero pero no quiero.

Que no te das cuenta del daño que me haces, que no te das cuenta del daño que te haces. Que si quieres algo ya, tenlo ya. Para mí es más fácil negar lo evidente, que saberte y no poderte. Que yo no espero a madurar, porque eso no es cosa de un par de meses, eso es cosa de un par de años, que se madura con experiencias, no con cumpleaños. Para mí es más fácil cerrar los ojos y ponerte en el sitio adecuado para que no me afectes.

A ver si te das cuenta de que me estoy volviendo loca, un día sí, dos días no, tres sí, uno no, a veces sí, casi nunca no... Que yo no puedo así. Que a mí se me acaban las palabras intentando explicarte que yo ya estoy mayor para juegos, que se me ha hecho tarde, que no encuentro mi conejo blanco.

A veces me gustaría que te metieras en mi cabeza y descubrieras tú solo qué es lo que tanto me atormenta, que ni yo misma sé explicar. A mí lo que me hace daño es que me hagas creer que puedo y al final me desveles que no puedo. A mí lo que me hace daño es quererte como eres, con tus virtudes y con tus defectos, que según cómo se miren, también son virtudes.



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