domingo, julio 26

Uno, luego otro.



No se fija, se deja engañar. Va ciego. Un cigarro, luego otro. Se ríe y no se da cuenta de lo que le hace reír. Sus manos rozan las puntas de su pelo; acaricia su espalda hasta llegar a la cintura. Le sirve otra copa. Se pierde en su sonrisa amplia y sincera. Dos palabras: "¿La mía?", otras dos que salen de su boca sin siquiera pensarlas, salen como actos reflejos: "La tuya".

Besos en la entrada, en el "hall". Besos hasta la habitación. Una mano que busca el interruptor, no lo encuentra y se pierde buscando, esta vez, una cremallera. Cremallera de un vestido que baja con besos de fondo. Ropa al suelo. Pelo que se suelta y ahora si puede tocarlo, suave, verde.

Manos entrelazadas. Manos que bajan y que suben. El pelo que le cae a un lado del cuello, acaricia su nariz. Suave. Él sigue ciego. Aún no sabe lo que le hace reír.


-


Un cigarro, luego otro. Sin poder dormir, se levanta y busca la cocina, bebe un vaso de agua. Se viste torpemente y sin hacer ruido se marcha. Sigue estando borracho y ciego. Sin comprenderse ni a si mismo regresa caminando a casa. Con el frío calándole los huesos, le da una patada a una lata, luego otra.

Abre la puerta de su casa y se desmorona en el sofá, mañana será otro día. Mañana seguirá sin querer ver. Seguirá estando ciego. Ni él mismo se entiende y nadie nunca le entendió.


miércoles, julio 15

Tus flores siempre serán más bonitas.


Me sorprende cómo nos complementamos. Cuando estoy lejos de ti te echo de menos y nunca te echo de más. Cuando estoy contigo me rio, todo el rato, sin parar. Contigo no se acaban las palabras, no existen los silencios incómodos.

Nos completamos. Cuando no estás es como si me faltase la mitad de mi misma. Es extraño. Y pensar que no hace ni un año que nos conocemos. Y pensar que nos conocimos por una casualidad. Por una casualidad bastante casual. Y desde ese momento yo he sentido que estoy unida a ti, por un lazo invisible. Un lazo que nunca se deshace, un lazo que es fuerte y puede aguantar cualquier percance.

Casi me sorprendo al recordar con qué facilidad entrelazamos nuestros dedos y me dejaste apoyar la cabeza sobre ti para dormir. En ese momento firmamos un pacto en que juramos no abandonarnos. Nada puede ser tan importante como para romper esto, que es TAN especial e inusual. Yo no me podría enfadar contigo, porque sacas risas de donde no las hay. Te quiero tanto. Ignoras.

Ojalá pudieses saber exactamente qué es lo que quiero decir. Ojalá pudiese expresarme mejor. Quiero que sepas, que yo siempre voy a estar a tu lado, hagas lo que hagas, digas lo que digas. Eres bastante grande. Espero que lo sepas, espero que algún día te des cuenta de lo especial que eres.

lunes, julio 13

Y tú, ¿qué haces hoy?

Hoy voy a escribir a lápiz, así mañana podré borrar lo que escriba hoy. Con buena letra. Agarrando bien el lápiz, dejando márgenes.

Hoy voy a soñar en blanco y negro. Para no distinguir bien el color del bosque de aquellos ojos y confundirme con los de otro.

Hoy voy a hablar despacio, para que me de tiempo de pensar. Pensar en positivo, que positivo más positivo nunca será negativo.

Hoy voy a sentarme en la terraza a mirar las estrellas y a no dedicar ni un segundo a nadie, esta noche soy para .

Hoy voy a comerme uno de esos helados a los que nunca le invité. Uno o dos o diez, que cuando se trata de helados nunca son suficientes.

Hoy no voy a mirar atrás. Por si acaso no veo lo que hay delante. O por si acaso me tropiezo y me caigo.



lunes, julio 6

Ya estamos servidos.

Lo primero que necesitamos es una base firme de imaginación y recuerdos. Y empezamos, siguiendo la receta. Debemos poner algo de Queen, un poco más de Vetusta Morla y unos pequeños toques de Extremoduro y Marea. Si se prefiere, también se puede poner Iván Ferreiro, The Kooks o Bruce Springsteen. Para endulzar es necesario Besos de Desayuno de Calle13 o Jammin' de Bob Marley. Se le añaden aromatizantes del tipo A, para que huela a Amor. Todos sabemos que no existe, pero nos gusta imaginarlo y creer que lo podemos coger y espolvorear por nuestra piel. Nos gusta imaginar. Para adornar son necesarios un sinfín de besos infinitos que recorrieron mi espalda aquella noche y dedos acariciando mi pelo.

Y ya está listo. Listo para comer y dejarse llevar por los recuerdos de la base. Por los besos y los dedos que lo adornan, por la música que lo compone, por el dulzor de esas canciones que tantas palabras han inspirado (en mí). Por el aroma de ese falso sentimiento, que nos hace soñar, imaginar y recordar. Cualquier tiempo pasado fue mejor.

Después uno se debe acomodar en la cama, para digerirlo, mientras la música sigue sonando, no para. Mientras uno lo digiere, cierra los ojos y desea, desea lo prohibido, lo que está fuera del alcance. Lo visualiza, hasta el punto que casi puede tocarlo. Le acaricia la cara, le besa las mejillas, la barbilla, los ojos, los labios, el cuello, se deshace de la camisa, botón a botón, beso a beso. La desliza por sus brazos, la deja caer. Afloja el cinturón, desabrocha el botón, baja la cremallera, los pantalones desaparecen. Se tumba en la cama, le besas desde arriba, los labios, el cuello, el pecho, el ombligo... Y se desvanece.

Y ahí te quedaste, con el sabor "a medias" y las ganas asomándose a tus ojos. Derramándose y empapándose en tu camiseta. Un cúmulo de ganas que resbala por tus mejillas, y otro, y otro, y otro, así hasta mil.

Mil noches. Mil noches cenando recuerdos con canciones y aromas totalmente inexistente. La buena digestión no está asegurada. Pero se digiere, quizás no hoy, ni mañana, ni el mes que viene, ni el siguiente, quizás nunca o quizás sí, quizás el mes que viene sí.

A mí me da que ya no voy a volver a cenar hasta que el hambre no me deje respirar. Esta vez si no respiro es por no ahogarme.

domingo, julio 5

Sin dejar de leer. Me gusta que lo hagas.


Sé que me lees. Lo intuyo. Lo imagino. Lo quiero creer. Sé que a partir de mis letras te permites imaginarme. Lo intuyo. Lo imagino. Pero esta vez, lo creo. Tus ojos se deslizan suaves por las líneas, con el egoísmo asomando en tus pestañas y tu labio inferior que sufre el apretón de tus dientes superiores, que muerden a causa de la impotencia. Sabes que tus palabras no me alcanzan, ni tus palabras ni tus pies. Sigues leyendo, un mechón de pelo se descuelga y te lo vuelves a poner detrás de la oreja, sin dejar de leer.

Sabes que estás lejos. Y que por eso nuestra mirada nunca se va a cruzar. Ni nuestra mirada ni nuestras palabras. Mis palabras son como el viento, que depende del día pueden ser fuertes y despeinarte el pelo o pueden ser suaves y acariciarte las mejillas, o pueden no ser.

Depende del día todo está bien o nada está en su sitio. Depende del día me produces curiosidad o me causas rechazo. Depende del día me arrepiento de cosas o me alegro de otras. Hay quién se atreve a decir que presento bipolaridad. Yo diría que falta de estabilidad, pero no en la personalidad, precisamente. Hay quien se atreve a preguntar por qué hago lo que hago. Yo diría que el que pregunta eso tiene un serio problema de ceguera. O de falta de sentido común o sensibilidad.

Yo creo que hay que saber apartarse del camino. Yo ya lo he hecho, y tú, ¿lo hiciste cuando se te presento la oportunidad? ¿lo hiciste cuando fuiste un estorbo? Yo diría que no. Pero no sé. Quizás sí. Eso sólo lo sabes tú. Tú y quién te rodea. Yo no te rodeo. Yo sólo te he pillado paseando tus ojos por mis palabras. Palabras que puedes dejar que te afecten o no. Debemos poner los límites. Tú llegaste al tuyo. Llegaste al límite y aún sabiendo que el futuro que esperas no va a aparecer, sigues erre que erre.

No creo que te guste esto último que he escrito. Tampoco sé si lo demás que he escrito te ha gustado. Así que... juzgue y critique usted misma, para sí misma, como siempre. Si te soy sincera, me gusta que me leas.


Sin decir nombres, ya sabes como te llamas, supongo.