domingo, julio 26

Uno, luego otro.



No se fija, se deja engañar. Va ciego. Un cigarro, luego otro. Se ríe y no se da cuenta de lo que le hace reír. Sus manos rozan las puntas de su pelo; acaricia su espalda hasta llegar a la cintura. Le sirve otra copa. Se pierde en su sonrisa amplia y sincera. Dos palabras: "¿La mía?", otras dos que salen de su boca sin siquiera pensarlas, salen como actos reflejos: "La tuya".

Besos en la entrada, en el "hall". Besos hasta la habitación. Una mano que busca el interruptor, no lo encuentra y se pierde buscando, esta vez, una cremallera. Cremallera de un vestido que baja con besos de fondo. Ropa al suelo. Pelo que se suelta y ahora si puede tocarlo, suave, verde.

Manos entrelazadas. Manos que bajan y que suben. El pelo que le cae a un lado del cuello, acaricia su nariz. Suave. Él sigue ciego. Aún no sabe lo que le hace reír.


-


Un cigarro, luego otro. Sin poder dormir, se levanta y busca la cocina, bebe un vaso de agua. Se viste torpemente y sin hacer ruido se marcha. Sigue estando borracho y ciego. Sin comprenderse ni a si mismo regresa caminando a casa. Con el frío calándole los huesos, le da una patada a una lata, luego otra.

Abre la puerta de su casa y se desmorona en el sofá, mañana será otro día. Mañana seguirá sin querer ver. Seguirá estando ciego. Ni él mismo se entiende y nadie nunca le entendió.


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