lunes, julio 6

Ya estamos servidos.

Lo primero que necesitamos es una base firme de imaginación y recuerdos. Y empezamos, siguiendo la receta. Debemos poner algo de Queen, un poco más de Vetusta Morla y unos pequeños toques de Extremoduro y Marea. Si se prefiere, también se puede poner Iván Ferreiro, The Kooks o Bruce Springsteen. Para endulzar es necesario Besos de Desayuno de Calle13 o Jammin' de Bob Marley. Se le añaden aromatizantes del tipo A, para que huela a Amor. Todos sabemos que no existe, pero nos gusta imaginarlo y creer que lo podemos coger y espolvorear por nuestra piel. Nos gusta imaginar. Para adornar son necesarios un sinfín de besos infinitos que recorrieron mi espalda aquella noche y dedos acariciando mi pelo.

Y ya está listo. Listo para comer y dejarse llevar por los recuerdos de la base. Por los besos y los dedos que lo adornan, por la música que lo compone, por el dulzor de esas canciones que tantas palabras han inspirado (en mí). Por el aroma de ese falso sentimiento, que nos hace soñar, imaginar y recordar. Cualquier tiempo pasado fue mejor.

Después uno se debe acomodar en la cama, para digerirlo, mientras la música sigue sonando, no para. Mientras uno lo digiere, cierra los ojos y desea, desea lo prohibido, lo que está fuera del alcance. Lo visualiza, hasta el punto que casi puede tocarlo. Le acaricia la cara, le besa las mejillas, la barbilla, los ojos, los labios, el cuello, se deshace de la camisa, botón a botón, beso a beso. La desliza por sus brazos, la deja caer. Afloja el cinturón, desabrocha el botón, baja la cremallera, los pantalones desaparecen. Se tumba en la cama, le besas desde arriba, los labios, el cuello, el pecho, el ombligo... Y se desvanece.

Y ahí te quedaste, con el sabor "a medias" y las ganas asomándose a tus ojos. Derramándose y empapándose en tu camiseta. Un cúmulo de ganas que resbala por tus mejillas, y otro, y otro, y otro, así hasta mil.

Mil noches. Mil noches cenando recuerdos con canciones y aromas totalmente inexistente. La buena digestión no está asegurada. Pero se digiere, quizás no hoy, ni mañana, ni el mes que viene, ni el siguiente, quizás nunca o quizás sí, quizás el mes que viene sí.

A mí me da que ya no voy a volver a cenar hasta que el hambre no me deje respirar. Esta vez si no respiro es por no ahogarme.

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