sábado, diciembre 26

Y el amor se fue volando por el balcón.


-Hazme un favor, no me olvides.- Se dió media vuelta y se marchó. Se marchó sin remordimientos, o eso fue lo que a él le pareció. Quizás eso se debía a que estaba segura de que volvería, de que no se iba a perder por los senderos estrechos de la vida independiente. Más que un adiós fue un "enseguida vuelvo, espérame un segundo", pero él sabía que pasaría más de un segundo. Mucho más.


Él no podía quedarse allí parado eternamente, mirando cómo pasaba un avión tras otro. Así que, encendió el reproductor de música, se enchufó los cascos a las orejas, y dejó que la música le curase momentáneamente. Caminó despacio, mirando al suelo, con las manos metidas en los bolsillos.


Hizo tiempo, paseando por las calles, por los parques. Claro está, todo aquello le recordaba a ella, era inevitable, qué iba a hacer, ¿marcharse de allí también? Aprendería a convivir con los recuerdos, que dolían, claro que dolían.


Cuando la noche se le vino encima, se dirigió al bar más cercano -donde ella provó la clarita por primera vez- y pidió una cerveza. Luego otra. Y otra. Así hasta diez. Si hacemos una regla de tres y nos fijamos en que con dos ya está considerablemente mareado, nos daremos cuenta de que se emborrachó para ahogar sus penas, o más bien para ahogarse en sus penas.


Después, salió de fiesta. Odiaba la fiesta, le recordaba a todo aquello que fue y que detestaba. Pero con tres copas encima, ¿qué más daba? Bailó, él no sabía bailar, pero lo hizo, estilo propio decía. Se encoontró con amigos en todas las esquinas. Estarían de celebración. Claro, celebrando que el verano se acababa. Una copa más y a casa.


Llegó, pero no supo cómo lo hizo. Para él, había sobrevolado la ciudad, había flotado entra las nubes y había caído sobre su cama. Durmió y no soñó nada, ¿para qué?


A la mañana siguiente no se pudo levantar de la cama, se quedó acostado, arrepintiéndose y castigándose por lo que había hecho: faltar a sus principios. Al cuerno.


Se sentó en el borde de la cama, se frotó los ojos, se relamió los labios, se pasó la mano por el pelo, se levantó y fue a ducharse. Dejó el agua salir y perderse en su cuerpo, recordó lo mucho que le gustaba ducharse con ella.


Le consolaba pensar que habían pasado el fin de año juntos, por lo que empezado el año juntos también, y él pensaba, le gustaba pensar que lo que se empieza con alguien se termina con ese alguien, así que tenía la esperanza de verla en fin de año, o en Navidad.


La verdad, estudió mucho en la universidad, por ella.... y por él mismo, claro. Para acabar rápido y perderse con ella en cualquier lugar. Se había enamorado de la manera más pura, pero eso es otra historia.


La verdad, si a mi me pasase eso, si mi "ella" se marchase...
No sé lo que haría... no lo sé.


1 comentario:

  1. "Se sentó en el borde de la cama, se frotó los ojos, se relamió los labios, se pasó la mano por el pelo, se levantó y fue a ducharse".

    Increíble.

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