jueves, febrero 4

A destiempo.

Estaba sentada junto a la ventana, en una mecedora, se balanceaba hacia delante y hacia detrás. Sostenía en sus manos un pequeño cuaderno de bocetos, fotos y escritos viejos.

Observaba como caían las hojas del árbol del jardín, una a una, lentamente, igual que las horas. El tiempo era lento. Echaba de menos aquellos días en que el tiempo no le daba, que corría para llegar puntualmente a la meta.

Lo había hecho todo en demasiado poco tiempo, ahora ya no tenía nada más que hacer que recordar y observar cómo evolucionaba aquel árbol a lo largo de las estaciones. Antes ella vivía mirando hacia el futuro, olvidándose de disfrutar el presente.

"Ahora no, cielo, tengo que terminar este artículo para mañana y debo adelantar el trabajo de la semana; tengo un gran proyecto entre manos"- le decía a su marido cuando éste la abrazaba por detrás y le besaba tiernamente la nuca.

Él vivía por y para ella, ella vivía por y para el trabajo, y luego, para él.

Claro está, él no había ascendido tanto como ella, pero tenía menos canas y menos arrugas en la cara, en fin, menos estrés.

Era una agradable convivencia. Al final, a él le descubrieron un cáncer de pulmón demasiado tarde, y eso fue lo que acabó con su vida. Y ella se quedó sola, sola pero con su gato y sus millones de "grandes proyectos" entre manos.

Entonces, llegó el día de su jubilación y pensó: "¿Qué voy a hacer a partir de ahora hasta el último día de mi vida?"

Nada. Sentarse a recordar. ¿Recordar qué?
Como ella no tenía recuerdos, se decantó por abrir aquel misterioso cuaderno que había sido de su marido y que nunca se había atrevido a abrir.

...Y allí estaba ella, dibujada, fotografiada y escrita.

2 comentarios:

  1. Qué vida más triste... Felicidades y Saludos

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  2. Triste, pero.. es el pan nuestro de cada día de mucha más gente de la que puedas imaginar.
    Estoy segura.

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