lunes, marzo 29

Mármol Blanco.

Estaba sentado frente la figura que había salido de la piedra de mármol. Frente a esa esbelta mujer que se encontraba desnuda, con la cabeza apoyada en una almohada, el torso girado, con la pierna derecha sobre la izquierda.

Recorrió con la mano el brazo, las nalgas y el muslo, buscando rugosidades, y asintió con satisfacción al sentir la textura de la piedra, como seda fría, bajo sus dedos.

Una fina capa de polvo gris se había adherido al artista como una segunda piel. Pero esta suciedad no le molestaba en absoluto. Con los años se había acostumbrado a ella por completo. Este era su refugio, un lugar de éxtasis creativo en el que no hacía falta ni comodidad ni limpieza. Una vez acudía a la llamada de su arte, hacía caso omiso de pequeñas molestias.

2 comentarios:

  1. Nosotros qeu escribimos sentimos algo similar, por lo menso ne mi caso... ¿Qué hay del tuyo?
    Saludos

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