domingo, marzo 14

Brisa.



Quiere marchar.

La corteza cerebral se desprende, alimentándose de la oscuridad que lo baña todo en esa noche sin estrellas y sin luna. Sin nada. Se eleva y flota en el aire, y se transforma, toma la forma de un Charrán Ártico.

No se aleja sin haber dejado cargas inconmensurables de oxitocina, dopamina, feniletilamina...

Su pena es siempre la misma.

El pájaro atraviesa el Mar Blanco. Se instala lejos de su origen: la cabeza de Ella.

Quiere verle desde lejos, saber que el sueño no fue un sueño.

La ausencia de esa corteza que echó a volar se hace insoportable. Para mitigar el dolor se deja acariciar y todo le da igual. Movimientos mecánicos. Ronronea cuando le acarician la oreja y le susurran "Als", en la misma.

El charrán vuelve una vez al año a dejarle más de aquello, pero es un ave migratoria, y no se le puede pedir que se quede. Su sueño es viajar y aprender. Lejos.

Torpemente le desea que cruce el mar con fe y sin miedo.

Ella pasa las tardes sentada junto a la ventana esperando que el pajarito vuelva y se pose en su dedo índice, para cantarle al oído todo lo que vio allá donde el frío cala los huesos.

Un día que vuelva sin más sabe que su voz le dirá: "te quiero".

4 comentarios:

  1. Joder, que nivel... cada día escribes mejor. saludos, me gustó mucho esta entrada.

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  2. Gracias, Alvy.
    Me alegra y me halaga profundamente. Haha.

    Me encanta que me leas y me dejes comentarios xDD
    Siempre tienes cosas buenas que decirme.

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  3. Las cosas malas seguro que tendrás quien te las diga.

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