sábado, abril 3

El caso del chico del lunar en el labio.


Y mírame a la cara y atrévete a negarme,
que conoces tantas camas como historias que contarme.

Le di mi noche y mi risa. Volaban las plumas mientras amanecía.
Cuatro paredes no impedían que despertáramos en un lugar distinto cada vez.
Él era mi debilidad. Mi talón de Aquiles.
En su cintura encontré una mariposa de concupiscencia.

Tan jóvenes y tan viejos.
Siete meses parecían un año.
Pobre de mí, tenían razón: perdí la cabeza en cuanto me quedé en blanco.
La brisa de la media noche nos revolvía el pelo.

-¿Sabes? Me he dado cuenta de que hoy hemos hablado de un montón de cosas sin pelearnos.

Qué absurdo, ¿no?
Nietzsche dijo lo absurdo de una cosa no prueba nada contra su existencia,
es más bien una condición de ella.

Leí que las personas más interesantes eran las mujeres con pasado y los hombres con futuro.

A veces me quedo en silencio, cuando salen, lo que ahora llamaremos, retales del pasado,
y miro hacia fuera, por la ventana.

Me encantan las ventanas.
Las ventanas son como fotos en movimiento. Y dicen que aunque uno esté quieto, el mundo sigue girando, a su ritmo, no al tuyo. Eso también lo dicen las olas del mar, que tan rápido como se van, vuelven.
El caso del chico del lunar en el labio.

Buen comienzo de Abril.

Dedícame algo.

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