miércoles, abril 7

JPS.

¿En qué momento dejamos de ser infantiles y comenzamos con la ardua tarea de tomar decisiones que nos afectan sólo a nosotros de manera irreparable?

Empezamos a depender de nosotros mismos.
Y es duro no poder echarle la culpa a otro de los fracasos propios.
Es difícil aceptar que uno mismo y nadie más tiene la culpa de su propio destino.

Y habrá alguien que querrá animarte,
y lo intentará... Sin embargo, te parecerá absurdo.
Absurdo porque nada que diga nadie podrá hacerte sentir mejor.
Sólo lo que tú mismo te digas.

Y será lo siguiente:
A joderse. Yo mismo me lo busqué y ahora me toca aguantarme.

Y lo peor de todo, es que será lo más racional que te hayas dicho a ti mismo en mucho tiempo.

Probablemente, la persona que quiso animarte te mirará de reojo y asentirá con la cabeza suavemente como para sí mismo. Dándose cuenta de que estás un paso más cerca de lo que llamaremos aquí y ahora "la madurez".

Eso que, debido a su falta, hizo un daño (casi) irreparable.
Eso que, debido a su falta, te hizo dejar escapar un año.
Eso que, con su llegada silenciosa, te brindó siete meses infinitos para recuperar aquel año y curar un poquito aquella herida (casi) irreparable.
Y los que quedan.

Pero, vamos a ver, qué te voy a contar yo, ¿no?
Simplemente eso, que...

Jamigos para siempre.

Ya sabes de qué va esto.
De que... bueno,
dejémoslo para otro momento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario