martes, abril 20

Marinero de agua dulce.

No quiero dormir con nadie más que contigo.
Eres mi caramelo interminable. Cuando tengo hambre, me la quitas, y endulzas los días amargos.
Aunque las ojeras me lleguen a las rodillas me haces levantar para verte, aunque sea al otro lado de esas cuatro paredes blancas. Porque dos minutos después de habernos dicho adiós se me ocurren tropecientas mil cosas que decirte.
Eres mi más fiel confidente. Te cuento todo, hasta los lunares.
Y yo... me quedo contigo. Sentadita en tu hombro, porque me haré chiquitita como un PlayMobil.
Sólo por y para ti.

Tuve miedo.
La almohada amaneció mojada y las sábanas por el suelo. Parece ser que anoche lidié una batalla pendiente con la conciencia.
Y al final, nunca le dije a nadie que pasé una noche con el corazón vacío, menos mal que sólo ibas a tomarte un refresco.

Me encanta cuando me besas la espalda y tus brazos me rodean desde detrás, y me susurras que me quieres mientras seguimos el ritmo de la música con las caderas.
Sí... definitivamente, nunca podría olvidarte aunque quisiera, puesto que formas parte de mis recuerdos desde que tengo uso de razón.

La lluvia no quiere caer, porque ya estás tú para refrescar la mente y limpiar la basurita que se amontona en las esquinas.
Ya estás tú para hacerme girar con los brazos abiertos mirando al cielo. Girar sobre mi propio eje. Y cuando esté mareada sé que cuando abra los ojos y pare, estarás ahí para que no me caiga; para sostenerme.

Agua y caramelos.


Mi marinero de agua dulce.

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