lunes, noviembre 15

Alien Abduction.

Las hojas marchitas del otoño traen ráfagas de viento que lo alborotan todo. Un año más quedarán sin comer castañas; cualquier pestañeo exagerado hará que corra tras su emisora, alérgica a la comida, de huesos punzantes. Da igual a quien le incomode.

¿Qué hay de malo en desvivirse y entonces... desvanecerse?
Desvanecerse...

Y las motas de ella misma son arrastradas por el viento del otoño que le inunda los ojos y le despeina las cejas. Que le tuerce la sonrisa en una mueca casi desmoronadora de conciencias.

El que suelta la última palabra pierde. El que permite que le aprieten el tórax y le arranquen los labios al colgar pierde. El que deja que le balanceen en el aire mientras recuerda... ¿recuerda qué?
Recuerda entre cervezas y recuerda entre agua salada que cae poco a poco, gota a gota, en una carta de trágico final. Destino: dos... mil... seis...

Y así, una vez más, recorro con la yema de mis dedos el camino marcado por su saliva, para no perderme.

3 comentarios:

  1. De vez en cuando me paso por tu blog y quieras que no, con tus mejores o peores entradas, siempre paso unos pocos minutos agradables. Me gusta pasearme por aquí y disfrutar. Esta última parece como si divagaras... pero se entiende todo... muy curioso. Saludos, un placer ver que sigues en activo.

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  2. No sabes cuantísimo me conforta tu comentario.

    Saludos.

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  3. sigilosos porque no hay casi tiempo... jajaaja, que ganas de birras contigo.

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