sábado, diciembre 11

I saw Elvis.

Dime si es cierto que viste a Elvis.

Yo sí le vi, con un sinrumbo y un cigarrillo atrapado entre los dedos. Yo le vi con la sonrisa guasona preguntándose sobre la moral y el sentido de la vida. Le vi mirar hacia atrás, por si el karma le perseguía.
Yo le vi acariciar a quien veía de manera escéptica su vida en tercera persona.

Dime si es el mismo Elvis.

El Elvis que yo vi le susurraba al oído que dormir, sólo junto a ella. Y rodar, y rodar, dos, tres y hasta cuatro veces si me apuras. Lo que el cuerpo aguante.
Yo le vi con la mirada posada encima de cualquier pelo castaño que se dejase mecer por la brisa. Y nunca le vi dudar en ningún paso hacia... lose control.

Dime si el Elvis que tu viste era de pelo negro y ojos verdes.
Dime si el Elvis que tú viste vivía con Bob Dylan.

A lo mejor, ni tú ni yo vimos nada ni a nadie, a lo mejor, fue cosa del subconsciente y del deseo. Cosa de una noche, o de hace (casi) una eternidad: como decir... Septiembre.

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