lunes, diciembre 19

No lo volvería a hacer.

Si se volviese a repetir, no lo volvería a hacer.
Ir hacia arriba en lugar de hacia abajo, lo cual es más fácil, aunque sufran las rodillas. ¿Qué son dos rodillas en un cuerpo de 1'60? Ir hacia abajo es menos agotador. Absorbe menos las ganas de... cualquier cosa.

Queda en el saco de momentos tanta mugre pegada al fondo que uno de verdad se pregunta si merece la pena destaparla para limpiarla, rascarla hasta sudar, cuando claramente, todo el mundo sabe, que es demasiado sencillo seguir metiendo ridículas situaciones que te recuerdan de vez en cuando lo básico que es el ser humano.

[Inciso: ¿ser XY interfiere en la racionalización de situaciones realmente inflamables?]

Bien es sabido que el postre es la parte más dulce de la comida; aunque se conserven pequeños retazos de la comida anterior.

Bendita la hora en la que me retaron a conseguir aquel objetivo que parecía tan alto y que acabó cayendo como caen todos esos retos: ¡sostenes fuera! Tan típico... Cada obstáculo que salté me tortura la conciencia, ¡qué digo!, el poco amor propio y la mucha moral que se va adquiriendo, es sólo cuestión de horas. Cosas del despertar del finito sueño de la adolescencia.

El Karma, todo se lo debo a él. Le reprocharía tantas cosas, pero... para qué, si me lo tengo bien merecido por ser el charco que separó una cosa de la otra, dejando a cualquiera que lo atravesase dando patadas de ahogado. Fui esa chispa que detonó una gasolinera. Como comprenderás, nunca volvió a ser lo que era.

Todo esto viene, porque hace un par de minutos me preguntaba cuánto dura el romanticismo en una relación. Si todo aquello de hablar por teléfono en lugar de ordenador por el mero hecho de escuchar la calidez de la voz de la otra persona; lo de despertarse por la mañana pensando en cómo sorprenderle; lo de acariciarle mientras duerme, sólo por rozar su piel un segundo más; bueno, me preguntaba yo si... eso duraba lo que una mosca al lado de una rana.

jueves, noviembre 3

Ley del Tailón.


Y ahora, un poco de vómito sorpresivo:

Al llegar a casa he vuelto a pensar en ti. Es absurdo, hace al menos nueve meses que desapareciste de mi vista y al menos cuatro que dejaste de escribir sobre tu -dios mío- desdicha sentimental combinada con un poco de patetismo emocional para que -ilusamente- tus anhelos, prolongados por, ¿cuánto, dos años, tres?, cayeran rendidos a tus pies. Hace falta algo más que un par de puntos suspensivos para enredar.

Es curiosa la manera en la que llegaste y te acoplaste a mi vida, tan silenciosamente. Si hablabas era porque tramabas algo y si callabas era porque lo estabas llevando a cabo. Pequeña persona, tu modus operandi me lo conozco demasiado bien, a mí no me engañas más.

Rubiamente hablando, digamos que la intención es lo que cuenta, y te felicito, ahora eres una sombra que no sólo me persigue, sino que, de vez en cuando, se cuelga de mis hombros y pesas demasiado; paradójicamente, eres tan delgada que cuando hace viento te tienes que poner plomos en las suelas de los zapatos.

Persona... maldita la hora en la que naciste y maldita la hora en que mezclaste lo mío con lo tuyo. Te metiste como un hurón se mete en la madriguera de un conejo. Sólo cabe esperar a que salgas o mueras. Entre las dos opciones veo más plausible la segunda, pero supongo que es porque hoy, especialmente, me siento extremadamente vil.

Dejando las alegorías, espero que regreses con ansia. Que me llames y me dejes pagarte con la misma moneda; ojo por ojo, diente por diente.

domingo, octubre 9

Dear Firefly,

Estaba sentado en una butaca mientras esperaba a que ella terminara de alistarse. Allí, sentado, con una copa de brandy y un cigarrillo en la mano me vino un recuerdo a la mente. Aquel silencio me recordó el día en que volé lejos para rehacerme.

Era el ocho de octubre de dos mil ocho, cerca de las diez y media de la mañana. La gente no hacía más que ir de un lado a otro, por los altavoces sonaba la voz de un señor, y una señorita, que daban indicaciones, pero yo no podía escuchar nada. Sólo percibía levemente algún que otro sonido. Todo me parecía demasiado blanco, más de lo normal. Me parecía que el tiempo no pasaba, que iba demasiado despacio, desesperándome; y al mismo tiempo, dentro de esa desesperación, no quería que pasasen los minutos que, uno a uno, me empujarían hacia el olvido de todos a quienes dejaba en tierra.
Inevitablemente, lento y certero, se acercaba el momento que cambiaría mi vida drásticamente. Podía ver a través del cristal a aquel magnate de acero, destructor de aquel pasado intranquilo y, en cierto modo, absurdo. Recuerdo que pensé: "los aviones son para bombardear Moscú".
La voz masculina del altavoz dio la llamada para embarcar, con cada paso que daba, estaba más cerca del cambio que había estado esperando durante meses y, al mismo tiempo, no quería marcharme dejando los recuerdos en cada calle, cada parque, cada casa que jamás, o al menos hasta dentro de muchos años, volvería a pisar, a visitar.
Daba un paso tras otro hacia la puerta de embarque, mecánico. No sentía nada, no quería pensar en nada. Me aferraba al abrigo que llevaba colgado del brazo. El abrigo que olía a lo que dejaba atrás. Me sentía dentro de un sueño lleno de ruido y de caos, que no se entiende y, por lo tanto, no se vive.

Mi trance se vio interrumpido por la imagen de mi esposa, que bajaba las escaleras como si de un espejismo se tratase. Me pareció que tardaba una eternidad en bajar. Recuerdo que era como si todo alrededor se parase. Allí estaba ella, con esa sonrisa que la hacía diez años más joven, ataviada con un vestido rosa que resaltaba sus mejillas sonrosadas. El cabello rubio que descansaba tranquilamente sobre sus hombros y supe, en ese momento, que estaba donde tenía que estar, haciendo lo que deseaba hacer.



-To DB.-

lunes, agosto 29


En pleno agosto llovía a cántaros. Cómo se le iba a ocurrir sacar paraguas en verano. El tiempo se estaba volviendo loco.

Ella le estaba volviendo loco.


lunes, agosto 22

Ana tenía razón.

Entre tanta barba se le perdió aquello que llamaba límites. Mucha barba y poca cabellera -la perdió por el afán de empezar de cero-. Parecido a Sansón. Digo parecido porque la fuerza no la perdió, sólo el autocontrol. Y desde mi punto de vista, la credibilidad.

Dormía en un mar de reproches, creyendo que aquello que pululaba a su alrededor era su aura, tan espesa que podía casi palparla. Pero no, era una niebla tal que no le dejaba ni ver, ni oír. Sólo interpretar lo que malamente se filtraba.

Y vaya con el Don Juan, que se quedó sin el pan... y sin el queso. Todo porque callarse era algo que había dejado de contemplar hacía mucho tiempo. Y no me refiero a poner la otra mejilla. Me refiero a callar y tragar simplemente porque las cosas son como son. Y a veces a uno le gusta a qué saben y otras no. ¿Tanto le cuesta al ser humano disculparse y ya está?
¡Y ya está! Es que no hay más.

Rabia me da decir que Ana tenía razón. Al parecer hay un estado -al cual llamaremos estar enamorado- en el que uno sólo cree lo que quiere creer. Efectivamente, Ana tenía razón, y la muchacha no le escuchó.
Es que hay que ser atontado.

Lo que es... pues es y lo que no es, sencillamente... no puede ser.
Llanamente elemental.

lunes, agosto 1

Ming T'ien.

Si el amor, como todo, es cuestión de palabras,
acercarme a tu cuerpo, fue crear un idioma.
- García Montero.



Los días dejaron de tener horas y sólo existía el amanecer, el atardecer y el anochecer. Sólo estaban las olas paseando por la orilla y millones de letras que contaban historias para recorrer con las pupilas.

Y de vez en cuando, en alguna noche que le recordaba a los años que ya habían pasado, le lloraba a aquella vieja medusa que se ataba un flotador a la cintura para no naufragar bajo la infinidad del mar.

El tiempo pasaba sin que pasase nada. Las ruedas de su bicicleta le llevaron hasta el punto más alto de aquella calle para hacerle bajar sin frenos, con la brisa provocada por la velocidad revolviéndole el pelo salado.

A veces, cuando se paraba bajo cualquier palmera a mirar hacia nada exactamente sonreía al pensar que Deibs escribiría la historia de su vida, sus amores y sus desamores, con aquella pluma negra de adornos dorados y punta algo quebrada, que un día cualquiera, hace ya varias eternidades atrás, ella le regaló simplemente para que sintiera un poco de seguridad en sus virtudes.

Recordó en aquellos días aquella vez cuando sentado en las escaleras que subían a su casa le preguntó con el pulso enloquecido "¿ya has terminado de hacerme daño? Tengo que saberlo. Porque si no es así, tendré que endurecerme más aún". Se le revolvían las entrañas sólo con evocarlo.

Ella sabía que uno no se deja la cabeza por amor. La pierde. Si él la quería, por qué la dejó ir. Percibía que Deibs era lo que era gracias a ella.

El día que volvió de aquel Wudang propio, no habían apenas estrellas en el cielo.

Salió a pasear sin deshacer la maleta y se topó con la viva imagen del pasado. "Sin pasado no hay presente, ¿no?" pensó. Y le saludó como siempre. Cuatro cervezas en un bar ajado, y el resentimiento sobre la mesa.

Cuando le miraba el deseo le recorría a modo de escalofrío la espina dorsal. Era lo único que le hacía salirse de aquella nueva filosofía de moderación. Se le salía la lujuria por la comisura de los labios cada vez que sonreía.

Sin comerlo ni beberlo, aparecieron sentados sobre aquella cama en la que tantas veces habían rodado. Las manos de Deibs recorrían su tórax y sus caderas que se marcaban bajo la piel y que tanto había ansiado desde que ella se había marchado.

Él, al borde de la asfixia, se preguntaba por qué quería prolongar hasta el dolor el placer de merodear su sexo y no lo tomaba ya en su boca. Con agilidad la cogió por la cintura y la puso bajo su cuerpo; resbalando su mano derecha por su figura y empapándose un poco más con su humedad.

A la mañana siguiente, mientras él dormía, ella se vistió, se acicaló y salió del edificio un poco más desordenada. "Sin pasado, no hay presente", se repitió a sí misma.


jueves, julio 7

Re.visión

Espontáneo. Incandescente. Cervezas.
Uno, tres, e incluso una docena.
De noche, pero con la luz encendida.

Sin avisar, tu labio inferior roza mi nuca.
Y sin querer, desaparecen las cuerdas que no nos dejaban atravesar la línea de salida.
O entrada.

Relájate. Todo saldrá bien.

lunes, julio 4

You've seen the butcher.


A lo mejor, si tuvieses el cuello menos terso y los labios menos carnosos podría irme sin echarte un último vistazo.


Era una tarde de esas en las que el sol está más brillante que nunca, y a la vez, te acaricia de la manera más suave. Una de esas tardes en las que te parece que todas las plantas florecen a medida que vas pasando por al lado.

Y de repente, a pesar del buen tiempo, te encuentras con la puerta y las cortinas cerradas, en una habitación que no es tuya, con toda la ropa esparcida por el suelo. Y tú, boca arriba en la cama; no estás sola, pero tampoco acompañada.

La sombra que está a tu lado pega la nariz a tu nuca y desliza los labios por tu espalda, de arriba abajo. Sus brazos envuelven tus costillas y te susurra todo lo que quieres oír. Sea lo que sea lo que deseas, lo sabe. Y te lo susurra.

Todo, te da todo y te roba hasta el último aliento que sale con cada gemido. Te absorbe la última gota de sudor. Se enreda en tu pelo y tira de él para tener el control sobre ti.

Y cuando todo vuelve a estar en calma, te dice que todo era (casi) nada.

¿Y qué hacer? Bueno, a partir de este punto tienes dos alternativas:
atarle o irte.

miércoles, junio 29

Do not disturb.

En un momento muy puntual te sentiste perdida. Como si todas las luces se hubiesen apagado y todo el mundo se hubiese escondido guardando silencio. Como quedarse sorda, ciega y muda. Caminaste a oscuras un par de manzanas.

Cuando volvieron la luz, el sonido y las palabras, te diste cuenta de que estando perdida o sabiendo perfectamente donde estabas, te encontrabas en las mismas. Con el mismo regusto amargo de no saber nada. Nada. Sólo sabías lo que tú querías y pensabas y... qué hay de mí.

De mí no hay nada, sólo una falsa indiferencia. Una de esas indiferencias que en realidad sólo existen por el placer de ahorrarme un par de palabras y no ejercitar demasiado ningún músculo del cuerpo. Una indiferencia que no existe, sólo es aparente. Aparente pero bruta y terca.

Te desintoxicarás poco a poco, sólo porque no te supone ningún reto que todo a tu alrededor sea como tú quieres. Y yo... simplemente aparentaré que estoy conforme con todo.
Que no siento ni padezco.

Dejarte fluir. Ahora simplemente pretendes fluir. Hacer lo que te apetece de entre todas las cosas que te sean propuestas e ir río abajo. Porque, al parecer, así es más cómodo, y lo digo porque lo he experimentado. Así no tienes culpa de nada y puedes reprocharlo todo. Con las manos vacías y sin nudos en ninguna parte.

Ni una más. No derramarás ni una gota más de nada.
Y mucho menos por mí, porque me da (casi) igual.

martes, junio 21

I'M BACK, LIL' SOUL.

Me corroe los dientes y se me pudren las encías si pronuncio tu nombre. Cada letra araña mi piel y la sangre empapa mis pies. Por donde camino voy dejando las huellas de tu despotismo, que a veces es ilustrado, pero, cuando se trata de mí, es despotismo a secas.

Qué se siente cuando tu prepotencia deja de hacerme temblar y callar. Ya no me da miedo que cruces la acera sin mirar atrás. Sólo me da miedo que no sientas dolor ni náuseas. Me da miedo que tu estómago no estruje tus entrañas hasta hacerte sangrar por cada poro de tu piel y que tus alaridos sean tan altos que sólo los escuchen los perros. Me da miedo que alguien llegue a socorrerte. Me da miedo que rías y duermas por la noche.

El asco que me producen tus mentiras me crispa cada pelo del cuerpo.
Cuando te miro a los ojos, miles de murciélagos revolotean por mi estómago e inundan mi cabeza, me hacen temblar de frío, y así, me doy la vuelta, y el calor de tu mano en mi cintura que me impide desaparecer es inexistente.

Si respiraras el aire podrido que dejaste en mis pulmones, entenderías de lo que hablo.

jueves, junio 16

Es esa absurda manía de arrasar con todo.
Es eso y nada más.

Nada más que eso.

domingo, junio 5

Si quieres, te explico en qué consiste el misterio.

Cuando ella llega, pierdo el razocinio; y con él, la compostura.
Perder la cabeza es perderse; y a mí ya no hay quien me encuentre.

Las agujas del reloj corren sin mirar atrás, le tiendo la mano y ella se agarra al brazo, me escala, me empapa, me enreda con su pelo; y ya, no puedo escapar.

La brisa que entra por la ventana, agitando las cortinas, hace que me tiemblen las manos y los labios. La pego a mi pecho y siento el sudor de su piel, que huele a caribe. Pura candela.

Mis palmas sobre sus caderas, las deslizo hacia arriba, pasando por su cintura y acabando por sus omóplatos. Le agarro el pelo y hundo mi nariz en su cuello. Activando los puntos necesarios para que un hambre voraz le haga comerme de fuera a dentro.

Viceversa, inversa... verso.
No ver. Sólo oler. Sentir. Oír.
Mejor, sin prisa. Mejor, respira...
Los pies colgando. El vértigo me araña la yema de los dedos.

Me ata a la cama para que, cuando termine, vea cómo se marcha.
Y así, sólo retenga su olor en mi lengua.

jueves, mayo 5

BD se equivocaba.

Por la pequeña, diminuta franja que hay entre las cortinas de la ventana entra un rayo de luz que apunta directo al ojo izquierdo.
Perezosamente se da la vuelta en la cama, colocando el brazo que tiene dormido en una posición en la que la sangre pueda fluir, llegar al final, dar la vuelta y volver.
Hormigueo. Boca pastosa. Pelo revuelto.
Viernes por la mañana.

Se sienta en el borde de la cama y piensa que ella... bueno, que quizá ella hubiese dormido en su cama alguna noche. Encajando los cuerpos, encajando su pecho con su espalda. Como un huevo y una cuchara. Rodeándola con los brazos, respirando en su nuca. Oliendo su pelo. ¿Quién dijo que dormir era descansar?



Si sólo fuese el dolor de haber(la) perdido, se arrancaría la piel a tiras para desviar la pena a otros nervios.
¿Se puede perder lo que nunca se tuvo?


Tiene frío incluso bajo las sábanas. Mariposas, miles de ellas quieren salir disparadas por su boca cuando ella le dice que tiene ganas de besarle. Miles de mariposas le retienen los pies clavados al suelo cuando ella se da la vuelta y se va. Sin mirar atrás. Sin pestañear.
Busca respuestas, en el reflejo de su córnea, a preguntas que todavía ninguno ha hecho.

Bob Dylan dijo una vez, en 1963, "la respuesta, amigo mío, la tiene el viento".¿Será que Bob Dylan se equivocaba?

martes, abril 26

Wake me up before you go... go.


Morfeo no le quiere soltar la mano, por más que yo le susurre una y otra vez su nombre al oído.
Acaricio su pecho desnudo despacito,
cada milímetro de piel que recorro con la yema de mis dedos ha tocado también mis labios,
y me sonrojo.
Le miro fijamente y...
cómo explicarlo.

Cómo explicar que miles de mariposas suben desde mi estómago e intentan atravesar mi garganta.

El corazón no es más que un órgano musculoso.
Comestible, dicen algunos.
Sólo nos mantiene con vida, digo yo.


Desde siempre y para siempre.

jueves, marzo 17

Teatro. Humo. Adoquines. Ya sabes, Madrid.

Una línea. Una línea de humo azul que sube hacia la bombilla y se mezcla con las aspas del ventilador que se mueven despacio, sólo para esparcir ese humo que sin querer lo impregna todo.

En matemáticas, para saber por dónde va una línea se buscan los puntos por los que no va.
En él, se deja caer una gota en su barbilla y se deja que corra hacia abajo.

El silencio acompañado del sonido de las aspas del ventilador hacen que a sus yemas vuelva la
sensación del frío invernal de Madrid. De los cafés que dejan en los labios un poco del calor que sólo se encuentra bajo las sábanas cuando la noche se acerca a hurtadillas por el balcón.

Y zambullirse en terciopelo de melocotón
en un hostal cualquiera, en una ciudad que no es cualquiera.

Cierra los ojos y lejos del hostal y de aquella ciudad se transporta al sueño cumplido en otro cuerpo. Y lo vive como si fuese suyo... recuerda que tiempo atrás lo fue.

Cenizas del pasado.

Adoquines bajo sus pies y cigarrillos que se consumen entre sus dedos. Adoquines de calles desconocidas que se dejan pisar por cualquiera.
Desde el más cuerdo al más loco. Desde él hasta mí.
Desde A hasta D.

Quién le iba a decir que las ciudades también tienen alma de artista. Libertad en las paredes. Luces azules que suben y bajan en el cielo. Y chinos que esperan esas luces en la Plaza Mayor.

Y al oído, entre carcajada y gemido, susurra una voz que se quiere parecer a una pluma que flota por la habitación acariciando cada pequeño, diminuto pelo del melocotón:
"Me encanta Madrid, pero contigo. Todo, pero contigo".

Y sin más, antes de que se cierre el telón,
una reverencia no está de más.
Deja que te aplaudan antes de agacharte por segunda vez y sonríe.
Esto es para ti.

jueves, marzo 3

Medias Tintas.

Me molesta que me sorprendas por detrás y me beses la mejilla.
Me molesta que me acaricies el pelo mientras vemos una película.
Odio tu risa.
No soporto que me llames Als.
Tampoco soporto que me animes a saltar sin mirar.
Paso de tus pestañeos incesantes.
Y de ahogarme en tus ojos todas las noches.
No tolero que me abraces mientras duermo.
Y mucho menos tu aliento en mi nuca.
Odio la forma en la que sonríes.

No quiero mantener la compostura.
No quiero no poder odiarte.


miércoles, febrero 23

Sólo hay un hombre y una mujer en el mundo, y somos tú y yo;
el resto, es sólo gente.

sábado, febrero 19

Who says.


Dicen que el cólera se parece al amor. O al desamor. O a la espera del amor.
Dicen que cuando una gota de agua se divide en dos, ya no es una sino que son... dos.
Dicen que si escuchas música de verdad,
el corazón te palpita al ritmo de la misma.
Dicen que en invierno el cielo es más frío.
Y que llueve. A veces.

Dicen que... dicen.



And so it is
just like you said it would be

lunes, febrero 7

Blanco.

No sé cómo hacerlo peor.

Nadie avisa. Nadie enseña. Si la vida fuese otorgada con un manual de instrucciones, Ella hubiese sabido qué hacer, y se hubiese desatornillado los pies del suelo. Cerrando la puerta. Aunque le gusta mantener la ventana abierta, pero sólo para él.
Se alimenta del recuerdo (quién no. Nadie). Y el equilibrio no le fue inculcado. Sueña con... quédate... déjame abrazar... bueno, no te pierdas... cógeme la mano... blanco.

Qué importa. Qué le importa. Nada. .
Vuelve a acercarte al minibar, esta vez, ¿cogerás la botella?
Ella cree tener una solución mejor contra ese mal sabor de boca.
Labios.

Olvídalo, ella siempre cree tener una solución mejor. Ella siempre te cree. Espera... Olvidé de quién hablaba. Ah, sí, el equilibrio.
Ella, insegura, pisa fuerte y cuando se le cae el suelo (ya sabes... exceso de fuerza) no vuela, Ella se cae también.

Mariposa blanca, vuela como nunca, como antes. No te dejes contaminar.

Espera un momento. Siempre podemos compartir algo nuevo. No hay límites. Ella los pone.
Define... límite. Dicen que es una línea que separa dos cosas. O es un punto que no puede rebasarse. Un tope. Un torpe.

Recuérdame... ¿de quién estábamos hablando?

domingo, febrero 6

Sense Pressa.

Las letras solas no significan nada. Las letras junto a otras letras no tienen por qué decir algo. Cabe la posibilidad de que una palabra formada por una sucesión de letras que están colocadas de manera que tiene un significado general, no te digan nada, pero al mismo tiempo, digan todo.

Y es que esa tarde llovía y hacía frío en la calle, como en cualquier mes de febrero. Sin embargo, en el calor de las seis paredes, bajo cobijas y rodeados de almohadas y cojines, una voz grave y profunda, pero a la vez dulce, le envolvía en un remolino de sensaciones, causado por palabras que no tenían por qué significar nada, pero para ella, significaban (casi) todo.

Y él las pronunciaba, las leía. Despacio, lubricando sus labios con saliva de vez en cuando. Sus dedos resbalaban por el borde de las hojas del libro, y las pasaba con cuidado, con delicadeza, mientras acariciaba el pelo de ella, que se esparcía por su pecho. Sentía su respiración rozarle el ombligo.

Y ella escuchaba. Simplemente escuchaba a Vargas Vila a través de los labios de su acompañante, que no temblaban nunca y estaban decorados con un lunar, colocado graciosamente sobre ellos. Escuchaba sus latidos mezclados con las frases que revoloteaban en la habitación y elevaban el colchón, y él, sin inmutarse, leía:

"... así se deslizaba nuestra vida, mansa y feliz como el rumor en la soledad, como una onda en el lago, como un murmullo en el viento."


lunes, enero 24

Random Lust.

Rodeados de humo levitante, miro tus pupilas huecas, mientras el silencio se pasea acariciando tus hombros.
El ambiente, tan estático, me hace retroceder, para no molestar. No molestarte.
Tus historias de risas y sábanas, tus recuerdos de faldas con carmín me abrasan las yemas de los dedos.

Y ya no siento tu piel.

Entonces, cuando tu brazo me arrastra hacia ti, pienso que el azar se parece mucho al deseo. Que tu eres azar y te deseo.
Lo único que veo es tu cigarro, prendido, que pende de tus labios; para acabar retorcido en el cenicero.

Me susurras que no toleras las medias; y desaparecen de mis piernas.
Pegas la nariz a mi piel... capicúa.
Se me pega la lengua al paladar, y las manos a tu pelo. Entonces, ya no controlo el volumen, no oigo. Me clavo al colchón...

Y no quiero mirar hacia abajo.

sábado, enero 8

Lalai.

Hay labios en los que no hay que tocar antes de entrar. Hay cabezas en las que caes dentro sin querer y una vez allí, salir es imposible. Y hay ombligos que no conocen los límites. Pero no me desabroches el pantalón, porque esta noche soy sólo de quien quiera jugar a que me quede... para siempre.

Si no tienes nada que decir, al menos, hazlo. Pero no te quejes cuando mi espalda deje de estar bajo tus yemas. Si hubiese sabido que eres un vicio, te hubiese bordeado. Y asímismo, con el frío empapando el sudor de la cama, jugamos a que las horas sólo son decorativas.

Si te pregunto si tienes algo que añadir a los momentos, tienes que pedirme que me ate a las sábanas, así es como funciona. Sin censuras.

Y entonces, acaricio tu pelo que huele a... pelo. Y tu piel que sabe a... miel. Y con la corriente, me pierdo en los rápidos que me devuelven disparada a tus labios. Y si esto no está bien, párame. Pero dime, ¿quién te lo hace como yo?

miércoles, enero 5

Porque sí.

Allí estaba yo, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y la barbilla bien alta. Pestañeando lento para mantener la calma y la mente tan fría como mi nariz. Si el cielo hubiese sabido que todo iba a ser tan dramático hubiese llovido. Pero no. Nadie se lo olió. Ni siquiera yo.

Así, con lo puesto, le di un beso breve en los labios. O al menos, esa era la idea. Pero el olor de su piel y lo suave de sus labios me pegaron la lengua a su paladar. Todo fue tan inesperado que parecía que el tiempo iba incluso marcha atrás. Ella se agarró a mi cintura, metió sus manos delicadamente bajo mi camiseta y las deslizó hasta mi pecho. Se me clavaron sus dedos como estacas en los pulmones.

Pegué mi frente a la suya, y a pesar de que me faltaba el aire, fui capaz de abandonarla. Le agarré la mano y le ayudé a bajarse del muro en el que se había sentado. Y le acompañé a casa. Quizás no debí haberlo hecho, porque me quedé pegado al marco de la puerta, diciendo estupideces para no irme.

Pero me fui. Porque sí. Ya sé que eso no es una razón sino una justificación, pero "porque sí" son las únicas palabras que creo ciertas en todo esto. Las únicas.

domingo, enero 2

Welcome, dos... mil... once.

Todo se estropea, las luces rojas se vuelven violetas, el mar se para y te mira arqueando las cejas. ¿Qué cejas?

Él se siente bien, y tú sólo apoyas la barbilla en tu mano, a mirarle, mientras habla y habla y en realidad, no dice nada. Pero te encanta escuchar a través de la música que lo inunda todo, absolutamente... cerveza.

Te preguntas cómo has llegado hasta ese punto y sólo se te ocurre pensar que ha sido cosa del destino. Que por un momento no vas a creer en las casualidades, aquellas que te unieron a la rubia de ojos azules en un lazo inquebrantable.

A veces sientes como si estuvieras en medio de la tierra y el cielo. En ese término medio que no es propiedad de nadie. Que nadie ve, por eso nadie te ve. A veces.

Cierras los ojos y estás allí donde hasta las paredes sudan Navidad. Donde huele a familia a pesar de estar todo en silencio y vacío. Donde el sofá es verde y cómodo, perfecto para jugar a fútbol.
Las únicas luces que alumbran son las farolas de la calle.

Se te queda en las uñas el sabor de la lluvia. El limón te araña los labios y así, hacia abajo, una copa tras otra. Que no sabes si cae por tu escote o por tu garganta. Que ya no respondes si se apaga la poca luz que queda.

Año nuevo, menos tiempo.