domingo, febrero 6

Sense Pressa.

Las letras solas no significan nada. Las letras junto a otras letras no tienen por qué decir algo. Cabe la posibilidad de que una palabra formada por una sucesión de letras que están colocadas de manera que tiene un significado general, no te digan nada, pero al mismo tiempo, digan todo.

Y es que esa tarde llovía y hacía frío en la calle, como en cualquier mes de febrero. Sin embargo, en el calor de las seis paredes, bajo cobijas y rodeados de almohadas y cojines, una voz grave y profunda, pero a la vez dulce, le envolvía en un remolino de sensaciones, causado por palabras que no tenían por qué significar nada, pero para ella, significaban (casi) todo.

Y él las pronunciaba, las leía. Despacio, lubricando sus labios con saliva de vez en cuando. Sus dedos resbalaban por el borde de las hojas del libro, y las pasaba con cuidado, con delicadeza, mientras acariciaba el pelo de ella, que se esparcía por su pecho. Sentía su respiración rozarle el ombligo.

Y ella escuchaba. Simplemente escuchaba a Vargas Vila a través de los labios de su acompañante, que no temblaban nunca y estaban decorados con un lunar, colocado graciosamente sobre ellos. Escuchaba sus latidos mezclados con las frases que revoloteaban en la habitación y elevaban el colchón, y él, sin inmutarse, leía:

"... así se deslizaba nuestra vida, mansa y feliz como el rumor en la soledad, como una onda en el lago, como un murmullo en el viento."


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