jueves, marzo 17

Teatro. Humo. Adoquines. Ya sabes, Madrid.

Una línea. Una línea de humo azul que sube hacia la bombilla y se mezcla con las aspas del ventilador que se mueven despacio, sólo para esparcir ese humo que sin querer lo impregna todo.

En matemáticas, para saber por dónde va una línea se buscan los puntos por los que no va.
En él, se deja caer una gota en su barbilla y se deja que corra hacia abajo.

El silencio acompañado del sonido de las aspas del ventilador hacen que a sus yemas vuelva la
sensación del frío invernal de Madrid. De los cafés que dejan en los labios un poco del calor que sólo se encuentra bajo las sábanas cuando la noche se acerca a hurtadillas por el balcón.

Y zambullirse en terciopelo de melocotón
en un hostal cualquiera, en una ciudad que no es cualquiera.

Cierra los ojos y lejos del hostal y de aquella ciudad se transporta al sueño cumplido en otro cuerpo. Y lo vive como si fuese suyo... recuerda que tiempo atrás lo fue.

Cenizas del pasado.

Adoquines bajo sus pies y cigarrillos que se consumen entre sus dedos. Adoquines de calles desconocidas que se dejan pisar por cualquiera.
Desde el más cuerdo al más loco. Desde él hasta mí.
Desde A hasta D.

Quién le iba a decir que las ciudades también tienen alma de artista. Libertad en las paredes. Luces azules que suben y bajan en el cielo. Y chinos que esperan esas luces en la Plaza Mayor.

Y al oído, entre carcajada y gemido, susurra una voz que se quiere parecer a una pluma que flota por la habitación acariciando cada pequeño, diminuto pelo del melocotón:
"Me encanta Madrid, pero contigo. Todo, pero contigo".

Y sin más, antes de que se cierre el telón,
una reverencia no está de más.
Deja que te aplaudan antes de agacharte por segunda vez y sonríe.
Esto es para ti.

jueves, marzo 3

Medias Tintas.

Me molesta que me sorprendas por detrás y me beses la mejilla.
Me molesta que me acaricies el pelo mientras vemos una película.
Odio tu risa.
No soporto que me llames Als.
Tampoco soporto que me animes a saltar sin mirar.
Paso de tus pestañeos incesantes.
Y de ahogarme en tus ojos todas las noches.
No tolero que me abraces mientras duermo.
Y mucho menos tu aliento en mi nuca.
Odio la forma en la que sonríes.

No quiero mantener la compostura.
No quiero no poder odiarte.