martes, abril 26

Wake me up before you go... go.


Morfeo no le quiere soltar la mano, por más que yo le susurre una y otra vez su nombre al oído.
Acaricio su pecho desnudo despacito,
cada milímetro de piel que recorro con la yema de mis dedos ha tocado también mis labios,
y me sonrojo.
Le miro fijamente y...
cómo explicarlo.

Cómo explicar que miles de mariposas suben desde mi estómago e intentan atravesar mi garganta.

El corazón no es más que un órgano musculoso.
Comestible, dicen algunos.
Sólo nos mantiene con vida, digo yo.


Desde siempre y para siempre.

2 comentarios:

  1. ¡Hola! En primer lugar y antes de pasar a comentar tu entrada, quería agradecerte el seguimiento y el apoyo. Me alegra que te guste lo que escribo y lo digo, sinceramente. Es difícil en ciertos sentidos abrirse y relatar con la ambigüedad que en esas ocasiones parece barnizar las palabras, escenas tan personales, cuesta tanto transmitir lo que realmente se siente, que uno después de haberlo intentado, no puede evitar tener la sensación de faltar a la realidad. Y es que los sentimientos y las emociones siempre se tornaron inefables. No obstante, tú, en este texto has conseguido transmitir la esencia de ese instante y trasladarnos por un breve momento, a algún lugar de la memoria, o si has sido menos afortunad@, de la imaginación. Me hubiese gustado que la entrada hubiera sido más larga, pero tampoco es un defecto, y yo no me erigiré como juez cuando se dirimen cuestiones tan subjetivas, empleemos -tal y cómo tú has hecho- le mot juste, como decía Flaubert, y así evitaremos hablar de más. Espero impaciente tu próxima entrada. Saludos, Soul.

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  2. Espero impaciente tu próxima visita.

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