miércoles, junio 29

Do not disturb.

En un momento muy puntual te sentiste perdida. Como si todas las luces se hubiesen apagado y todo el mundo se hubiese escondido guardando silencio. Como quedarse sorda, ciega y muda. Caminaste a oscuras un par de manzanas.

Cuando volvieron la luz, el sonido y las palabras, te diste cuenta de que estando perdida o sabiendo perfectamente donde estabas, te encontrabas en las mismas. Con el mismo regusto amargo de no saber nada. Nada. Sólo sabías lo que tú querías y pensabas y... qué hay de mí.

De mí no hay nada, sólo una falsa indiferencia. Una de esas indiferencias que en realidad sólo existen por el placer de ahorrarme un par de palabras y no ejercitar demasiado ningún músculo del cuerpo. Una indiferencia que no existe, sólo es aparente. Aparente pero bruta y terca.

Te desintoxicarás poco a poco, sólo porque no te supone ningún reto que todo a tu alrededor sea como tú quieres. Y yo... simplemente aparentaré que estoy conforme con todo.
Que no siento ni padezco.

Dejarte fluir. Ahora simplemente pretendes fluir. Hacer lo que te apetece de entre todas las cosas que te sean propuestas e ir río abajo. Porque, al parecer, así es más cómodo, y lo digo porque lo he experimentado. Así no tienes culpa de nada y puedes reprocharlo todo. Con las manos vacías y sin nudos en ninguna parte.

Ni una más. No derramarás ni una gota más de nada.
Y mucho menos por mí, porque me da (casi) igual.

martes, junio 21

I'M BACK, LIL' SOUL.

Me corroe los dientes y se me pudren las encías si pronuncio tu nombre. Cada letra araña mi piel y la sangre empapa mis pies. Por donde camino voy dejando las huellas de tu despotismo, que a veces es ilustrado, pero, cuando se trata de mí, es despotismo a secas.

Qué se siente cuando tu prepotencia deja de hacerme temblar y callar. Ya no me da miedo que cruces la acera sin mirar atrás. Sólo me da miedo que no sientas dolor ni náuseas. Me da miedo que tu estómago no estruje tus entrañas hasta hacerte sangrar por cada poro de tu piel y que tus alaridos sean tan altos que sólo los escuchen los perros. Me da miedo que alguien llegue a socorrerte. Me da miedo que rías y duermas por la noche.

El asco que me producen tus mentiras me crispa cada pelo del cuerpo.
Cuando te miro a los ojos, miles de murciélagos revolotean por mi estómago e inundan mi cabeza, me hacen temblar de frío, y así, me doy la vuelta, y el calor de tu mano en mi cintura que me impide desaparecer es inexistente.

Si respiraras el aire podrido que dejaste en mis pulmones, entenderías de lo que hablo.

jueves, junio 16

Es esa absurda manía de arrasar con todo.
Es eso y nada más.

Nada más que eso.

domingo, junio 5

Si quieres, te explico en qué consiste el misterio.

Cuando ella llega, pierdo el razocinio; y con él, la compostura.
Perder la cabeza es perderse; y a mí ya no hay quien me encuentre.

Las agujas del reloj corren sin mirar atrás, le tiendo la mano y ella se agarra al brazo, me escala, me empapa, me enreda con su pelo; y ya, no puedo escapar.

La brisa que entra por la ventana, agitando las cortinas, hace que me tiemblen las manos y los labios. La pego a mi pecho y siento el sudor de su piel, que huele a caribe. Pura candela.

Mis palmas sobre sus caderas, las deslizo hacia arriba, pasando por su cintura y acabando por sus omóplatos. Le agarro el pelo y hundo mi nariz en su cuello. Activando los puntos necesarios para que un hambre voraz le haga comerme de fuera a dentro.

Viceversa, inversa... verso.
No ver. Sólo oler. Sentir. Oír.
Mejor, sin prisa. Mejor, respira...
Los pies colgando. El vértigo me araña la yema de los dedos.

Me ata a la cama para que, cuando termine, vea cómo se marcha.
Y así, sólo retenga su olor en mi lengua.