miércoles, junio 29

Do not disturb.

En un momento muy puntual te sentiste perdida. Como si todas las luces se hubiesen apagado y todo el mundo se hubiese escondido guardando silencio. Como quedarse sorda, ciega y muda. Caminaste a oscuras un par de manzanas.

Cuando volvieron la luz, el sonido y las palabras, te diste cuenta de que estando perdida o sabiendo perfectamente donde estabas, te encontrabas en las mismas. Con el mismo regusto amargo de no saber nada. Nada. Sólo sabías lo que tú querías y pensabas y... qué hay de mí.

De mí no hay nada, sólo una falsa indiferencia. Una de esas indiferencias que en realidad sólo existen por el placer de ahorrarme un par de palabras y no ejercitar demasiado ningún músculo del cuerpo. Una indiferencia que no existe, sólo es aparente. Aparente pero bruta y terca.

Te desintoxicarás poco a poco, sólo porque no te supone ningún reto que todo a tu alrededor sea como tú quieres. Y yo... simplemente aparentaré que estoy conforme con todo.
Que no siento ni padezco.

Dejarte fluir. Ahora simplemente pretendes fluir. Hacer lo que te apetece de entre todas las cosas que te sean propuestas e ir río abajo. Porque, al parecer, así es más cómodo, y lo digo porque lo he experimentado. Así no tienes culpa de nada y puedes reprocharlo todo. Con las manos vacías y sin nudos en ninguna parte.

Ni una más. No derramarás ni una gota más de nada.
Y mucho menos por mí, porque me da (casi) igual.

1 comentario:

  1. Usted dice que se va, luego que no... ¿Pero esto que es? ¡¡Pero esto que es!!

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