domingo, junio 5

Si quieres, te explico en qué consiste el misterio.

Cuando ella llega, pierdo el razocinio; y con él, la compostura.
Perder la cabeza es perderse; y a mí ya no hay quien me encuentre.

Las agujas del reloj corren sin mirar atrás, le tiendo la mano y ella se agarra al brazo, me escala, me empapa, me enreda con su pelo; y ya, no puedo escapar.

La brisa que entra por la ventana, agitando las cortinas, hace que me tiemblen las manos y los labios. La pego a mi pecho y siento el sudor de su piel, que huele a caribe. Pura candela.

Mis palmas sobre sus caderas, las deslizo hacia arriba, pasando por su cintura y acabando por sus omóplatos. Le agarro el pelo y hundo mi nariz en su cuello. Activando los puntos necesarios para que un hambre voraz le haga comerme de fuera a dentro.

Viceversa, inversa... verso.
No ver. Sólo oler. Sentir. Oír.
Mejor, sin prisa. Mejor, respira...
Los pies colgando. El vértigo me araña la yema de los dedos.

Me ata a la cama para que, cuando termine, vea cómo se marcha.
Y así, sólo retenga su olor en mi lengua.

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