lunes, diciembre 19

No lo volvería a hacer.

Si se volviese a repetir, no lo volvería a hacer.
Ir hacia arriba en lugar de hacia abajo, lo cual es más fácil, aunque sufran las rodillas. ¿Qué son dos rodillas en un cuerpo de 1'60? Ir hacia abajo es menos agotador. Absorbe menos las ganas de... cualquier cosa.

Queda en el saco de momentos tanta mugre pegada al fondo que uno de verdad se pregunta si merece la pena destaparla para limpiarla, rascarla hasta sudar, cuando claramente, todo el mundo sabe, que es demasiado sencillo seguir metiendo ridículas situaciones que te recuerdan de vez en cuando lo básico que es el ser humano.

[Inciso: ¿ser XY interfiere en la racionalización de situaciones realmente inflamables?]

Bien es sabido que el postre es la parte más dulce de la comida; aunque se conserven pequeños retazos de la comida anterior.

Bendita la hora en la que me retaron a conseguir aquel objetivo que parecía tan alto y que acabó cayendo como caen todos esos retos: ¡sostenes fuera! Tan típico... Cada obstáculo que salté me tortura la conciencia, ¡qué digo!, el poco amor propio y la mucha moral que se va adquiriendo, es sólo cuestión de horas. Cosas del despertar del finito sueño de la adolescencia.

El Karma, todo se lo debo a él. Le reprocharía tantas cosas, pero... para qué, si me lo tengo bien merecido por ser el charco que separó una cosa de la otra, dejando a cualquiera que lo atravesase dando patadas de ahogado. Fui esa chispa que detonó una gasolinera. Como comprenderás, nunca volvió a ser lo que era.

Todo esto viene, porque hace un par de minutos me preguntaba cuánto dura el romanticismo en una relación. Si todo aquello de hablar por teléfono en lugar de ordenador por el mero hecho de escuchar la calidez de la voz de la otra persona; lo de despertarse por la mañana pensando en cómo sorprenderle; lo de acariciarle mientras duerme, sólo por rozar su piel un segundo más; bueno, me preguntaba yo si... eso duraba lo que una mosca al lado de una rana.