martes, mayo 26

Sin título.

En esta época del año, tiendo a recordar la comodidad de tu cama.
Esa cama donde era imprescindible estar desnudo.

 Recuerdo que bebíamos tanto café para mantenernos despiertos, que ahora pienso que por eso lo vivimos todo demasiado rápido, como desesperado.

Echo de menos tu olor, tu aliento en la nuca, tu brazo por encima de mi cintura, nuestras respiraciones al unísono.
Ahora que he dormido con otros, me he dado cuenta de que nadie duerme tan bien como tú.
Como tú conmigo. Y yo contigo.

No he vuelto a dormir desnuda. 
Ya no me desnudo en ninguna cama si no es estrictamente necesario.

Ojalá tú tampoco pudieses olvidar el sabor de mi mirada.
Ojalá tú tampoco supieses dormir con nadie que no sea yo.
Ojalá tú tampoco hubieses vuelto a decir "para siempre" en una frase comprometedora.

Sinceramente, no recuerdo el sonido de tu risa.
Sólo perderme en tus ojos de canela.

Me gustaría haberte conocido en otro momento. En otro lugar geográfico. O de otra manera.
Desde luego, los lugares geográficos de nuestros hogares no ayudaron al momento y el momento no ayudó a la manera.

Aún pienso en el infinito daño que hice.
Me disculparía por ello, si me dejases hacerlo.

Te echo de menos
y lo peor de todo es que lo supe cuando me di cuenta de que no sé dormir con otros,
de que no he vuelto a dormir desnuda.