martes, octubre 24

Las segundas partes siempre fueron malas.

Todo el mundo dice que lo volvería a repetir. Sin embargo, sólo he visto a unos pocos hacerlo.

Pienso que no todo el mundo recibe lo que da. Ni la vida pone en su sitio a la gente. No existe el karma ni la justicia divina. Sí creo que muchas veces pagan justos por pecadores.
Supongo que es por esa maldita manía de seguir las reglas.

En fin, las cosas pasan porque sí. O no pasan porque no. Quizá ni te diste cuenta de que pasaron. O no quisiste dártela. Y ya es tarde. Ya han pasado. 
Así como todo tiene un principio, todo tiene un final.

Yo no lo volvería a repetir.
No perdería el tiempo intentando ganar el podio y quedándome una y otra vez - y otra... y otra... - en segundo lugar

Puede que por eso ya no se me vuelque el estómago, ni se me erice el vello, ni sude exageradamente al verte pasar.
Ya ni me dilatas las pupilas. 

Sólo se me atraganta todo lo que podría haber dicho y no dije - como siempre. 
Un millón de preguntas sin respuesta - las de siempre.

Pero no me tiembla el pulso si te veo pasar. Ni se hunde el suelo bajo mis pies. No se me quiebra la voz ni se me van los ojos hacia ti.

Sólo se me ocurren mil pequeñas escenas alternativas con finales diversos.
Un millón de y si hubiese dicho, en lugar de... 

Sin embargo, ya me di cuenta.
El presente no espera. 
Mejor te salto, a ti y a tus selectos, y me arrimo a quien bien me quiera.

Todos dicen siempre que lo volverían a hacer.
Pero yo... la verdad... no volvería a llevarte a tu casa. 

domingo, agosto 20

No hay

No hay destino.
Sólo hay acción-reacción.
Sólo orgullo, sólo medallas que colgar al poner el último punto.

No hay destino.
Las noches siguen siendo noches
y los días siguen siendo días.

El tiempo pasa cada vez más lento,
tan lento que dar un paso hacia delante parece una tarea interminable.

Qué pereza, mejor me quedo como estoy.

Aunque nunca fui fan de la posición horizontal como predeterminada,
me es más fácil ver los segundos pasar como en procesión infinita hacia el siguiente día desde aquí.

Si no me muevo, nadie me verá.

Los días pasan silenciosos.
Al inspirar, palabras y pensamientos se atascan en mi tráquea.
Y entonces, espiro.
Lo transformo y espiro indiferencia.

El limbo está en mi cama y no me puedo levantar.
Algo se me clava en el costado y no me quiero mover.

Cierro los ojos y doy vueltas alrededor de la fuente de los Cuatro Ríos.
Me quedo absorta.
Paro.
Se para el tiempo.

No hay otro destino más que el polvo.
No hay destino.
Sólo acción-reacción.



miércoles, marzo 22

Tan sutil como la brisa de primavera que mece las hojas sin que nos demos cuenta.


Subí a aquella azotea con vistas al infinito, a la inmensidad donde se junta el cielo y el mar y todo es azul; azul que sólo se rompe por algún barco que parece a la deriva.
Como yo cuando me recogiste de la rutina del verano.

Me soplaste la excusa más precaria que se te ocurrió al oído; y ahí estaba yo, traspasando el umbral verde de tu intimidad.
Inmersa en una habitación en mitad del cielo.

Rocé sin querer tu piel con mis labios y mi estómago comenzó a bailar.
Tu respiración me sacudió la epidermis.
Se me cayó el sentido y, con él, la razón.

Y tropecé cayendo en tus manos.
Juraste que estaba a punto de matarte.
Me empapé con tu sudor.

Y sin darme cuenta, estaba corriendo por la pradera de tu pecho,
deslizándome hasta caer en tu ombligo
y rodé ladera abajo sin importar el mareo.

Todo dando vueltas.

El reloj ya no marca el tiempo, ahora lo hacen tus palpitaciones.

Cubiertos de besos nos quedamos perdidos en las sombras que dibuja la luz en las paredes.
Y, al girarme, me encuentro con tu mirada que me interroga eso que suelen llamar corazón. 

Me sorprendo sin palabras.
Porque nada que pueda decir será mejor que no decir nada.
Porque nada que pueda decir lo puede describir.

Que cosiste los destrozos de mi piel con la yema de tus dedos. 
Que olvidé a qué sabe el café oxidado.
Que tiraste mi maleta por la ventana.
Que descorriste las cortinas de mis córneas.

Y así, al alejarte, me dejas ver el grabado de tu espalda que me recuerda que nunca hubo ayer, que sólo hay hoy y un posible mañana.

Que no hay camas pasadas ni sábanas más suaves que tus brazos.

Y todo esto pasó porque fuiste tan sutil como la brisa de primavera que me despeina sin que me de apenas cuentas.