domingo, agosto 20

No hay

No hay destino.
Sólo hay acción-reacción.
Sólo orgullo, sólo medallas que colgar al poner el último punto.

No hay destino.
Las noches siguen siendo noches
y los días siguen siendo días.

El tiempo pasa cada vez más lento,
tan lento que dar un paso hacia delante parece una tarea interminable.

Qué pereza, mejor me quedo como estoy.

Aunque nunca fui fan de la posición horizontal como predeterminada,
me es más fácil ver los segundos pasar como en procesión infinita hacia el siguiente día desde aquí.

Si no me muevo, nadie me verá.

Los días pasan silenciosos.
Al inspirar, palabras y pensamientos se atascan en mi tráquea.
Y entonces, espiro.
Lo transformo y espiro indiferencia.

El limbo está en mi cama y no me puedo levantar.
Algo se me clava en el costado y no me quiero mover.

Cierro los ojos y doy vueltas alrededor de la fuente de los Cuatro Ríos.
Me quedo absorta.
Paro.
Se para el tiempo.

No hay otro destino más que el polvo.
No hay destino.
Sólo acción-reacción.



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