domingo, agosto 20

No hay

No hay destino.
Sólo hay acción-reacción.
Sólo orgullo, sólo medallas que colgar al poner el último punto.

No hay destino.
Las noches siguen siendo noches
y los días siguen siendo días.

El tiempo pasa cada vez más lento,
tan lento que dar un paso hacia delante parece una tarea interminable.

Qué pereza, mejor me quedo como estoy.

Aunque nunca fui fan de la posición horizontal como predeterminada,
me es más fácil ver los segundos pasar como en procesión infinita hacia el siguiente día desde aquí.

Si no me muevo, nadie me verá.

Los días pasan silenciosos.
Al inspirar, palabras y pensamientos se atascan en mi tráquea.
Y entonces, espiro.
Lo transformo y espiro indiferencia.

El limbo está en mi cama y no me puedo levantar.
Algo se me clava en el costado y no me quiero mover.

Cierro los ojos y doy vueltas alrededor de la fuente de los Cuatro Ríos.
Me quedo absorta.
Paro.
Se para el tiempo.

No hay otro destino más que el polvo.
No hay destino.
Sólo acción-reacción.



miércoles, marzo 22

Tan sutil como la brisa de primavera que mece las hojas sin que nos demos cuenta.


Subí a aquella azotea con vistas al infinito, a la inmensidad donde se junta el cielo y el mar y todo es azul; azul que sólo se rompe por algún barco que parece a la deriva.
Como yo cuando me recogiste de la rutina del verano.

Me soplaste la excusa más precaria que se te ocurrió al oído; y ahí estaba yo, traspasando el umbral verde de tu intimidad.
Inmersa en una habitación en mitad del cielo.

Rocé sin querer tu piel con mis labios y mi estómago comenzó a bailar.
Tu respiración me sacudió la epidermis.
Se me cayó el sentido y, con él, la razón.

Y tropecé cayendo en tus manos.
Juraste que estaba a punto de matarte.
Me empapé con tu sudor.

Y sin darme cuenta, estaba corriendo por la pradera de tu pecho,
deslizándome hasta caer en tu ombligo
y rodé ladera abajo sin importar el mareo.

Todo dando vueltas.

El reloj ya no marca el tiempo, ahora lo hacen tus palpitaciones.

Cubiertos de besos nos quedamos perdidos en las sombras que dibuja la luz en las paredes.
Y, al girarme, me encuentro con tu mirada que me interroga eso que suelen llamar corazón. 

Me sorprendo sin palabras.
Porque nada que pueda decir será mejor que no decir nada.
Porque nada que pueda decir lo puede describir.

Que cosiste los destrozos de mi piel con la yema de tus dedos. 
Que olvidé a qué sabe el café oxidado.
Que tiraste mi maleta por la ventana.
Que descorriste las cortinas de mis córneas.

Y así, al alejarte, me dejas ver el grabado de tu espalda que me recuerda que nunca hubo ayer, que sólo hay hoy y un posible mañana.

Que no hay camas pasadas ni sábanas más suaves que tus brazos.

Y todo esto pasó porque fuiste tan sutil como la brisa de primavera que me despeina sin que me de apenas cuentas. 



jueves, noviembre 3

Juegos de cama.

Sus dedos dibujan las líneas que forman el contorno de tu silueta.
Líneas que quedan grabadas en sus yemas para reproducirlas en el aire, sin lienzo.
Las gotas que resbalan por tu piel caen formando ondas que le rozan pasándole ese je ne sais quoi que le hace perder la razón.

Y sin razón, está perdida.

Empeñados en jugar juegos de cama, quiso agarrarte y te resbalas,
desvaneciéndote en arena que fluye con la brisa del mar.
Mar que acaba en tus ojos, a penas reflejando el azul del cielo.
Agua cristalina para ver a través.
Y nadar, nadar en el eco de tu voz para toparse con los sueños de un nómada.

Ella te estaba esperando a ti.

Te fuiste con la lluvia.
No pudo enseñarte el tiempo entre castañas.
No te dio tiempo de enseñarle sobre Chronos.
Sobre Chronos y Ananké.
Te fuiste e inevitablemente ya no hubo más tiempo.

Las casualidades no existen.

Flotar boca arriba en el mar.
Mirar a las nubes y perderse en la inmensidad de la soledad.
Te verá en cada suspiro.
Serás todo aquello que quiso decir y nunca dijo por si le agarrabas de...
del pantalón.
O de la razón.

Al lugar donde fuiste feliz no debes volver, dijiste.

... a pesar de todo, mirará siempre con ilusión hacia la puerta
por si el próximo en entrar eres.

martes, agosto 9

Al verte ir.

Al verte ir imagino mil finales alternativos.
Si me besas me elevas dos centímetros del suelo y lo veo.
Eres como aquellos años que nunca pasaron por mí.

Por qué no nos desatamos las manos ya.

Déjame envolverme con tu piel.
Tapa el frío que se me escapa por la comisura de mis labios.
Rózame con tu pupila.
Repasa mis labios con tu espalda.
No me prives del cóctel de tu tacto.

Por qué no me revuelcas en la orilla ya.

Rueda por mi ombligo y acaba en mi nuca.
Alborótame el pulso y respírame los suspiros.
Sacúdeme el polvo de los sentidos.
Déjate palpar por mi gusto.
Quédate en blanco.

Al verte ir enciendes las ganas de tenerte pegado a mí.
Me revuelves la razón.
Me agarras del inconsciente.

Al verte ir no puedo dejar de preguntarme por qué no estás leyendo en braille los lunares de mi piel.




miércoles, agosto 3

Ahora que estás aquí.


Ahora que estás ahí, las noches se han vuelto eternas.
Dormir es un lujo que no nos queremos permitir.

Cuéntame más sobre ti.
Deja que toque cada esquina de ti.

Permíteme perderme en tu mirada de canela.
Repasa mi mano con la yema de tus dedos.
Tritura mis palabras y traduce mis expresiones.

Y analiza esto ahora.



miércoles, junio 22

Secretos a voces.

No es lo que parece. 
Ninguno de los dos estaba preparado. 
Nadie se lo esperaba y, sin embargo, ahí estábamos. 
Nariz contra nariz.

Entre sábanas los años no pesan tanto. 

Sabes cómo enredarme. 
Me deslizo por las grietas de tu experiencia. 
Te haces un nudo en mi garganta. 
Y explota. 
Yo pongo el fuego y tú el efecto expansivo. 

Estando tan rotos pero tan enteros.

No me importas tanto como piensas. 
Tampoco yo te importo tanto como quisiera. 
Pero... 
Somos dos imanes que ruedan sobre el querer y no deber. 

Algo pasa y no podemos verlo. 

La incertidumbre alimenta nuestras ganas. 
El secreto inflama la llama. 
La picardía nos nubla la razón. 
El reloj deja de contar las horas. 

Sé que no debería estar haciendo esto pero... 

Déjame imaginar que un segundo es toda una vida.
Déjame querer quedarme para siempre

Aunque para siempre represente un par de minutos... 

Suficiente para sumergirme en tu pupila.
Engancharme a tu cuerpo.  
Rodar por tus labios para acabar en tu ombligo. 

Volver a vestirnos 

y despedirnos. 



martes, mayo 26

Sin título.

En esta época del año, tiendo a recordar la comodidad de tu cama.
Esa cama donde era imprescindible estar desnudo.

 Recuerdo que bebíamos tanto café para mantenernos despiertos, que ahora pienso que por eso lo vivimos todo demasiado rápido, como desesperado.

Echo de menos tu olor, tu aliento en la nuca, tu brazo por encima de mi cintura, nuestras respiraciones al unísono.
Ahora que he dormido con otros, me he dado cuenta de que nadie duerme tan bien como tú.
Como tú conmigo. Y yo contigo.

No he vuelto a dormir desnuda. 
Ya no me desnudo en ninguna cama si no es estrictamente necesario.

Ojalá tú tampoco pudieses olvidar el sabor de mi mirada.
Ojalá tú tampoco supieses dormir con nadie que no sea yo.
Ojalá tú tampoco hubieses vuelto a decir "para siempre" en una frase comprometedora.

Sinceramente, no recuerdo el sonido de tu risa.
Sólo perderme en tus ojos de canela.

Me gustaría haberte conocido en otro momento. En otro lugar geográfico. O de otra manera.
Desde luego, los lugares geográficos de nuestros hogares no ayudaron al momento y el momento no ayudó a la manera.

Aún pienso en el infinito daño que hice.
Me disculparía por ello, si me dejases hacerlo.

Te echo de menos
y lo peor de todo es que lo supe cuando me di cuenta de que no sé dormir con otros,
de que no he vuelto a dormir desnuda.