lunes, marzo 29

Mármol Blanco.

Estaba sentado frente la figura que había salido de la piedra de mármol. Frente a esa esbelta mujer que se encontraba desnuda, con la cabeza apoyada en una almohada, el torso girado, con la pierna derecha sobre la izquierda.

Recorrió con la mano el brazo, las nalgas y el muslo, buscando rugosidades, y asintió con satisfacción al sentir la textura de la piedra, como seda fría, bajo sus dedos.

Una fina capa de polvo gris se había adherido al artista como una segunda piel. Pero esta suciedad no le molestaba en absoluto. Con los años se había acostumbrado a ella por completo. Este era su refugio, un lugar de éxtasis creativo en el que no hacía falta ni comodidad ni limpieza. Una vez acudía a la llamada de su arte, hacía caso omiso de pequeñas molestias.

domingo, marzo 21

Pajarito Pajarito.



Las nubes se estremecen y empiezan a derramarse.
Camina mirando al suelo, un cigarrillo en un mano y la otra en el bolsillo del vaquero.
Al oír el estremecimiento del cielo, dirige su mirada hacia el mismo y se cierra la cremallera de la chaqueta. Hoy no quiere pasar frío, igualmente, ni todas las chaquetas del mundo conseguirían abrigar el frío que le recorre las venas.
Tiembla el cuerpo y aprieta las mandíbulas.
Un gorro negro corona su cabeza, y se coloca la capucha del abrigo. Ahora su mirada se oscurece, se oscurece más. Un ser solitario. Se sirve de las evasivas para no preocupar a nadie y quedarse fuera de la corriente que arrastra a todos los habitantes de esta ciudad.
No le importa mojarse, hoy no.

Espera algo, quizás... ¿un milagro?

Ya sabes lo que dicen: al mal tiempo buena cara.
Me sonríe desde el otro lado del balcón, pero es una sonrisa quebrada.
Son pequeños gestos, instantes, segundos de un mismo día, que me muestran el agua que está a punto de rebosar. La gota que colma el vaso.

miércoles, marzo 17

Niemand sprach.


Fue en ese mismo instante, en el que todo cambió.
Los dos estaban cansados, rebosaba el sueño de sus párpados, las manos temblorosas agarraban las tazas de café y las acercaban a su respectivas bocas.
Ardía y lo notaban bajar por la garganta, pero era más el dolor que sentían por el ardor de las palabras que brotaban de los labios sin cesar. Sin pausas se comían el uno al otro, con puntos suspensivos y comas. Clavadas en la piel de las mejillas que se sonrojan.
Calima.
Para coronar la noche, dos palabras más que resumían un año de tira y afloja, año cruel, pero año de cosecha sustanciosa.
A veces no caminaban al tiempo, pero siempre había una forma de alcanzarle. Porque siempre era él quien iba más rápido y veía más allá.
Qué envidia. Qué envidia.

Sí, definitivamente, le echaría de menos.
Pero por el momento sólo puede concentrarse en guardar la mayor cantidad de recuerdos posibles en el menor espacio, para acabar con un gran espacio con infinidad de recuerdos.
Ella cree en todas las promesas.
Ella cree. Ciegamente cree. Y eso lo hace todo más blanco.

domingo, marzo 14

Brisa.



Quiere marchar.

La corteza cerebral se desprende, alimentándose de la oscuridad que lo baña todo en esa noche sin estrellas y sin luna. Sin nada. Se eleva y flota en el aire, y se transforma, toma la forma de un Charrán Ártico.

No se aleja sin haber dejado cargas inconmensurables de oxitocina, dopamina, feniletilamina...

Su pena es siempre la misma.

El pájaro atraviesa el Mar Blanco. Se instala lejos de su origen: la cabeza de Ella.

Quiere verle desde lejos, saber que el sueño no fue un sueño.

La ausencia de esa corteza que echó a volar se hace insoportable. Para mitigar el dolor se deja acariciar y todo le da igual. Movimientos mecánicos. Ronronea cuando le acarician la oreja y le susurran "Als", en la misma.

El charrán vuelve una vez al año a dejarle más de aquello, pero es un ave migratoria, y no se le puede pedir que se quede. Su sueño es viajar y aprender. Lejos.

Torpemente le desea que cruce el mar con fe y sin miedo.

Ella pasa las tardes sentada junto a la ventana esperando que el pajarito vuelva y se pose en su dedo índice, para cantarle al oído todo lo que vio allá donde el frío cala los huesos.

Un día que vuelva sin más sabe que su voz le dirá: "te quiero".

sábado, marzo 6

Veni, vidi, vici.






Caminamos al tiempo, aunque, a veces, él camina más rápido.
Y es entonces cuando sólo puedo mirarle desde atrás y sonreír;
deseándole buena suerte.