sábado, junio 5

Cinco llamadas de auxilio.

Siendo contradictorio, las noches más largas siempre resultan ser, a la vez, las más cortas, esas que no queremos que acaben. Cómo decir todo en dos horas. No... cuando las palabras empiezan a brotar, quién puede pararlas.
A veces el miedo sube como una enredadera por tus piernas, dejándolas atadas una junto a la otra. Inmovilizándote. Sube que sube y sientes como entra por tu ombligo y te aprieta el estómago, y quieres vomitar pero también ha taponado tu garganta así que el aire no entra, las náuseas no se apaciguarán; y te encuentras contra la espada y la pared.
Y un grito que rompe con esa maldita trepadora sale como un proyectil desde lo más profundo de tu ser, fuerte, despertando las ocho neuronas, que hasta ahora has podido contar, de tu cerebro. Sin embargo, nadie te escucha. Porque ya te has perdido.
Alguna vez te tocará llorar solo, otra, podrá ser que alguien esté en el momento indicado en el lugar indicado para abrazarte fuerte y así evitar que se te doblen las rodillas y caigas en el asfalto; porque si cayeras, te fusionarías con él, con ese negro agrietado, tan parecido al agujero que se crea lleno de desesperación.
Giras el torso y con él, la cabeza; no está.
El llanto ya no suena, ya no rasga la laringe. Ahora son lágrimas calladas. De esas que si no salen se enquistan y después, tienen que hacerte una operación a corazón abierto.


- ¿Te casarías con él? - preguntó con tono irónico.
Asintió suave, casi imperceptiblemente.
- ¿En un futuro reciente?
Asintió de nuevo con un poco más de fuerza y añadió:
- o en uno lejano, cuando sea.
Levantó la ceja derecha ligeramente, ella lo percibió y cerró los ojos agregando:
- Cuando le vi supe que iba a ser para mí. Supe que yo estaría junto a él, en esta vida, en la que viene y en la siguiente.
- ¿Sabes qué edad tienes?
- Claro.



jueves, junio 3

Pero si tú la quieres y ella te quiere, ¿qué haces aquí?
Ve a buscarla tan rápido como puedas. ¡Corre!


... nadie como tú me sabe hacer
café.