miércoles, febrero 23

Sólo hay un hombre y una mujer en el mundo, y somos tú y yo;
el resto, es sólo gente.

sábado, febrero 19

Who says.


Dicen que el cólera se parece al amor. O al desamor. O a la espera del amor.
Dicen que cuando una gota de agua se divide en dos, ya no es una sino que son... dos.
Dicen que si escuchas música de verdad,
el corazón te palpita al ritmo de la misma.
Dicen que en invierno el cielo es más frío.
Y que llueve. A veces.

Dicen que... dicen.



And so it is
just like you said it would be

lunes, febrero 7

Blanco.

No sé cómo hacerlo peor.

Nadie avisa. Nadie enseña. Si la vida fuese otorgada con un manual de instrucciones, Ella hubiese sabido qué hacer, y se hubiese desatornillado los pies del suelo. Cerrando la puerta. Aunque le gusta mantener la ventana abierta, pero sólo para él.
Se alimenta del recuerdo (quién no. Nadie). Y el equilibrio no le fue inculcado. Sueña con... quédate... déjame abrazar... bueno, no te pierdas... cógeme la mano... blanco.

Qué importa. Qué le importa. Nada. .
Vuelve a acercarte al minibar, esta vez, ¿cogerás la botella?
Ella cree tener una solución mejor contra ese mal sabor de boca.
Labios.

Olvídalo, ella siempre cree tener una solución mejor. Ella siempre te cree. Espera... Olvidé de quién hablaba. Ah, sí, el equilibrio.
Ella, insegura, pisa fuerte y cuando se le cae el suelo (ya sabes... exceso de fuerza) no vuela, Ella se cae también.

Mariposa blanca, vuela como nunca, como antes. No te dejes contaminar.

Espera un momento. Siempre podemos compartir algo nuevo. No hay límites. Ella los pone.
Define... límite. Dicen que es una línea que separa dos cosas. O es un punto que no puede rebasarse. Un tope. Un torpe.

Recuérdame... ¿de quién estábamos hablando?

domingo, febrero 6

Sense Pressa.

Las letras solas no significan nada. Las letras junto a otras letras no tienen por qué decir algo. Cabe la posibilidad de que una palabra formada por una sucesión de letras que están colocadas de manera que tiene un significado general, no te digan nada, pero al mismo tiempo, digan todo.

Y es que esa tarde llovía y hacía frío en la calle, como en cualquier mes de febrero. Sin embargo, en el calor de las seis paredes, bajo cobijas y rodeados de almohadas y cojines, una voz grave y profunda, pero a la vez dulce, le envolvía en un remolino de sensaciones, causado por palabras que no tenían por qué significar nada, pero para ella, significaban (casi) todo.

Y él las pronunciaba, las leía. Despacio, lubricando sus labios con saliva de vez en cuando. Sus dedos resbalaban por el borde de las hojas del libro, y las pasaba con cuidado, con delicadeza, mientras acariciaba el pelo de ella, que se esparcía por su pecho. Sentía su respiración rozarle el ombligo.

Y ella escuchaba. Simplemente escuchaba a Vargas Vila a través de los labios de su acompañante, que no temblaban nunca y estaban decorados con un lunar, colocado graciosamente sobre ellos. Escuchaba sus latidos mezclados con las frases que revoloteaban en la habitación y elevaban el colchón, y él, sin inmutarse, leía:

"... así se deslizaba nuestra vida, mansa y feliz como el rumor en la soledad, como una onda en el lago, como un murmullo en el viento."