miércoles, diciembre 11

Le début de la fin.

Hagamos el remake de Titanic.
Empañemos todos los cristales. 
Déjame apoyar mi cabeza en tu pecho. 
Acaríciame la cabeza mientras Morfeo me canta una nana. 

Cógeme y maréame. Revuélveme. Muérdeme. 
No hagamos de esto un drama internacional. 
Emociónate. 
Baja. 

Vamos a mandar a callar a la gente en las discotecas. 
Besémonos sin chocar nuestras paletas. 
O mejor, ¡brindemos con ellas!
Retuércete. 

No dejes ni una gota en mi ombligo. 
Enséñame tu nuca. 
Déjame verte bajo las farolas de Luxemburgo.
Mírame.

Te quiero enredado entre mis piernas.
Tómate un café.
Disfruta del aroma.
Agárrate a mis labios para no caer.

Ven.
Acuéstate aquí.
Mis sábanas se quieren pegar a tu piel.
Las ventanas gritan tu nombre.

Agítame la respiración.
Haz que me tiemble el pulso.
Róbame el aliento.
Entra.

Rómpelo todo.
Grítame.
Vuélvete loco.
Vete, vete, vete.

No seas la excepción.

sábado, noviembre 23

Un buen rato.

Tócame un blues, un funky, lo que quieras, pero tócame. 
Desliza tus dedos por mis cuerdas y aprieta firme pero suave en mis trastes. 
Acaríciame y siente mis curvas que se acoplan perfectamente a tu cuerpo. 
Inglés, alemán, español o francés; da igual, sólo toca. 

Crea con mi caja una melodía que no se te olvide. 

Y...
no me olvides. 



jueves, noviembre 7

Maldito Tú.

Un segundo, una bocanada de aire y dí que sí.
No oses negarme lo que te pide el brillo de mis ojos.
Agarra tus cosas y dame la mano.
La última vez: para siempre o para nada.
Decides tú.

Deja tus pelos en mi cama para que, cuando no estés, pueda encontrármelos y fingir que pernoctaste aquí.
No me juzgues si no lavo las sábanas. Quiero revolcarme cada noche sobre el lado en el que sueles dormir para untarme de tu olor.
No me llames loco si reviso a cada instante el móvil por si me has dejado una sorpresa en el buzón de voz.

Te marchaste sin mirar atrás y ahora me pides que te señale lo que dejaste de mirar.
Refúgiate en esos ojos bonitos que sin querer saben lo que guardas en la nevera.
Piérdete entre las costuras de ese traje mal medido.

Maldita sea, Tú. Maldita seas tú...
Cómo te atreves a volver para revolver.
¿No ves que me agobia tanta humedad?

Decidiste tú.

domingo, octubre 6

Kilómetros.

Años de discordia. Años de besos. Muchos años de desvaríos. Todos se cuelan por el sumidero. Se mezclan con el agua que cae sobre ti y recorre tu cuerpo como lo hicieron una vez mis dedos.
Sin que te des cuenta frotas tu piel arrancando lo que quedaba de mis besos. 

Agua en forma de lluvia que te transporta a inviernos sin paraguas, a la necesidad de abrazarnos para entrar en calor. A quitarnos la ropa empapada y no aguantar las ganas de devorarnos. 
Y después, un cigarro para la sobremesa y risas. Muchas risas. 

Todo se mezcla con el jabón y corre por la bañera. 

No te das cuenta de que con algo tan habitual me has borrado de tu cuerpo.
Vuelves a estar en blanco.


Y no, no te preguntaré cómo estás. 
          Es mejor pensar que estás mejor. 
                    Mejor que en cualquier tiempo 
                                    pasado. 

viernes, junio 21

Sex... Bang.

Todo acaba como empieza. Abruptamente, entre tropiezos, y demás torpezas.
Se rompe la cerradura que nos atrapaba en aquella habitación de locura: a rayas.
Yo lo vi. Tú lo has visto. Todos lo pueden ver.
Palpar, sentir, oír. Y no saben discernir.
¿Son lágrimas, es placer, risas?
Qué es.
Dímelo tú, porque hace tiempo que yo no distingo.
No me distingo. Tango.

Con la primera risa, hubieron fuegos artificiales.
Con el primer beso, una estampida.
Con el último beso, una risa.
Y con la última risa, un desprecio.
Para nosotros es así.
En el ojo de nuestro huracán hay margaritas pútridas.

Y, ¿qué más quieres? ¿Frases de película?
"¡Violemos a sus caballos y huyamos en sus mujeres! ¡Eso les confundirá!"
Sin sentido, como tú, como yo.
Juntos.
Como tú y como yo juntos: sin sentido.

Más locos que un par de chihuahuas enajenados.
Así nos volvimos cuando nos conocimos.
Y así nos quedamos cuando desaparecimos.
Tú enamorado de tontas que leen.
Y yo... me gustan los domingos.
Me parecen tranquilos.

No se puede amar... a quien no se conoce. 
Punto.


sábado, junio 8

She moves on her own way.

La palabra más precisa en el momento menos idóneo. El cigarro más amargo de la caja. La bocanada de aire más contaminada... Y la lluvia más despejante.

Abandono de uno mismo en el primer cubo de basura. Trescientos tropiezos atravesando por los adoquines. Cuarenta lamentaciones y tropecientos "si hubiese hecho... " y "es culpa mía por...".

Volver a respirar con margaritas de sabor naranja en el prado de los alternativos. Cruzarte con tus sábanas por la calle y que cubran otra cama. Querer poseer lo que no se puede ni ver.

Buscar sin saber qué. Esperar sin saber qué. Querer sin saber qué. No saber qué. Ni qué es qué. Ni nada en general. El limbo del conocimiento. El conocimiento del limbo.

Encontraste a Tarzán, Jane. No te olvides de querer a Cheeta.


No me tires del tórax que te lanzo una chola.


miércoles, mayo 22

Clásicos de ayer y hoy presentan:

Una sábana blanca que te enrede. Unas cervezas que chorreen espuma, que te empapen la conciencia y que sólo quede... inconsciencia. Que se te derrame la razón. Que sólo quede tu sudor y que se deslice por tu cuerpo y te sumerja en el descontrol. Y me sigas al ritmo de mis caderas, me agarres la cintura y me dejes desvanecer en tu piel...

No estropees el recuerdo de un pasado loco. Sin límites y repleto de debilidades. Deshazte de las maletas, haz lo que mejor saber hacer(me). Vuélveme "de atar" y no me saques de ese trance hasta que sea por la mañana. Nos comeremos los para siempre y para nada en porciones de pizza. Después jugaremos a consolas desgastadas.

No me dejes con la incertidumbre del qué hubiese pasado si...
O mejor, déjalo en un deseo que te vuelva de cristal. Sagrado, intocable.
Supongo que eso, es lo mejor de ti.

sábado, mayo 18

Aish... No me hagas preguntas difíciles.

Tú te crees que no se te nota. Yo te digo que tienes frío incluso bajo las mantas. ¿A quién pretendes engañar? Se te revuelve el estómago cuando miras hacia atrás, en cambio a mí, las mariposas me suben por la garganta cuando quiero besarte... pero no me atrevo. Suspiro.

Es sencillo, deja que esta vez sea yo quien bordee la línea que separa la locura de la desvergüenza, o quien te sumerja en la locura desvergonzada. Déjame probarte una vez más, que ya no me acuerdo a que sabe tu piel, ni a que huele tu pelo... Déjame contarte los lunares a oscuras. ¡Ya no recuerdo siquiera si tienes lunares! 
Cómeme a besos cuando estemos solos y cuando no, cómeme a risas. Devórame la reflexividad. 
¡Devuélveme el sentido! 

Y por último, guardemos el secreto de nuestra química.





"Elvis está vivo, eternamente dormido
en un inodoro de cristal.
Bob Dylan también lo sabe
pero Bob es muy discreto y no dice nada.
Será mejor así."


miércoles, enero 9

Perfume y otros demonios.

Se le rasgó el alma. De arriba abajo. De norte a sur. Maldita sea, se partió en dos.
Cómo se puede explicar el sonido que hace la carne al romperse. Se te hiela el alma.

Fue un instante, destapar la solapa del sobre, y le golpeó la cara. El olor de su perfume.
El recuerdo de su nariz metida en su cuello. Su pecho. Sus hombros...
Lo suave de su piel le tiraba de la yema de los dedos.

Uno a uno salían los errores y rodaban. Y rodaban. Goteaban. Empapaban.
Cómo se puede explicar el sonido del último latido antes de morir.

Quería fingir que no sabía que le iba a echar de menos.
Que no se daba cuenta del vacío que dejaba.
Qué estupidez.

Todos tenían razón: los polos opuestos no se atraen, o al menos, no así.
¡No funciona así! Entiéndelo de una vez...

Le quedaron tantas cosas por decir, tanto por dar y tanto por aprender.
Por el amor de Dios. Ese olor le estaba volviendo loca.

Las costuras de los retales de los recuerdos se descosían y caían a un agujero lleno de infinito.
Imposibles de rescatar. Caían uno a uno:

Aquel instante en que le vio bajar las escaleras y se le clavó en el corazón. Los nervios de cuando recibió su primera llamada. El primer beso robado. La visión de su figura desnuda teñida por la luz azul. La primera noche que durmió al ritmo de su corazón. Y así, uno a uno...

Sin querer se clavó el puñal sola. Sin querer se dejó la vida en una parada de tranvía.
Y ese maldito olor... era morir en vida.

Eran goteras en el alma.
Se le derramaban los sentidos. La razón. El corazón.